#MicroCuento #MicroRelato #HistoriadeVida LA DEPENDENCIA. Ella los cuidaba con dedicación. Les limpiaba la casa cuando no estaban, les hacía la comida y les mantenía lleno el refrigerador. No quería que se desconcentraran de sus tareas. Al llegar, solo debían estirar una mano y hallar todo lo necesario a su alrededor. A ella no la veían, pero sí a sus objetos necesarios. Nunca fueron molestados por nada, por alguna deuda, por alguna cuenta por pagar o por problemas externos. Aquella casa solo era un lugar de paso donde encontraban paz, descanso y alimento caliente y generoso. Luego desaparecían, para disfrutar de sus flamantes vidas. A ella no la recordaban ni los días especiales, “esos momentos son solo comercio” se quejaban y los ignoraban. Ella no recibía cariño ni en esas ocasiones, “que estén bien es lo importante” aseguraba. Pero ella se fue, su cuerpo sucumbió a una enfermedad repentina y mortal. Cayó abatida un día y jamás se levantó, dejando detrás de sí mucha limpieza, orden y refrigeradores llenos que en pocos días quedaron vacíos. Nada volvió a funcionar en esa casa. El miedo, las discusiones y el estrés se hicieron presentes. La paz que albergó por años, se perdió en menos de una semana. Ellos quedaron sin su comida caliente, sin su ropa limpia y con la cama deshecha. Ninguno sabía cómo superar esa situación, así que se enfrentaron entre ellos, pelearon hasta cansarse y levantaron altos muros para delimitar sus fronteras sin dejar paso al otro. Buscaron otra “ella” afuera, metiendo en casa a la primera que hallaron y esperando que fuese igual, pero eso nunca sucedió. Se sintieron tan frustrados y dolidos que se volvieron visitantes asiduos de la tumba de ella, donde lloraban desconsolados, lamentando su pérdida. Nunca volvieron a ser los mismos. *** “Hay que crecer y dejar crecer a los demás, no depender de nadie ni volver a nadie dependiente”. ©JJCam
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4 comments
Tremenda realidad, los apegos con equilibrio suelen ser algo bueno, pero la dependencia ya es otra cosa. Como leí una vez por ahí: no le des el pez, mejor enséñalos a pescar. Hay que ayudarlos a abrirse paso porque lamentablemente no somos eternos.
Exáctamente, si no se les da una oportunidad, no vencerán sus miedos. Pueden ser atendidos, pero al mismo tiempo hay que enseñarles.
que buen relato y con una gran lección, no hay que confundir el amor con la sobreprotección y criar personas inútiles que luego como sucede en el relato no saben que hacer cuando la que les proporcionaba todo ahora ya no está mas.
Así es, creo que hay límites para todo y etapas, a los niños pequeños se les protege porque apenas aprenden a hacer las cosas, sin embargo, para que sepan caminar bien hay que soltarlos, aunque estés muy pendiente de sus pasos.