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@JJCam

¿Dónde están mis calzoncillos? Dimitri Lovera era un hombre extraño. Su apariencia resultaba divertida, pues, parecía un lagarto, larguirucho y huesudo. Tenía además, extrañas costumbres: a pesar de no tener casi cabello, se peinaba la calva con un cepillo de cerdas suaves; bebía un vaso de leche al levantarse y solo agua el resto del día; era en exceso ordenado, sintiendo inquietud si algo estaba fuera de su lugar; y lo más importante, no podía estar sin usar dos calzoncillos. Si uno le faltaba, era como estar desnudo. Cierto día, luego de su cumpleaños cincuenta, su corazón dejó de funcionar. Su madre, dolida por su partida, se ocupó de prepararlo para su entierro. Le peinó la calva con su cepillo de cerdas suaves y le puso su traje más elegante. Aunque rezaba todas las noches un rosario por el descanso de su alma, a las semanas el fantasma de Dimitri comenzó a perturbarla. La mujer sintió miedo y se mudó, pero a los días, en la nueva casa empezó a ver también el fantasma de su hijo. Durante un año tuvo que mudarse 10 veces de casa, con el espíritu de Dimitri tras sus pasos, creándole una gran molestia. Hasta que se atrevió a enfrentarlo. —¿Hijo, qué quieres de mí? —Madre, por favor, ¿dónde está mi otro par de calzoncillos? La mujer, indignada, le lanzó a la cara lo que le pedía y desde ese día nunca más volvió a verlo. Al fin el alma de Dimitri halló paz.

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