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@JJCam

Pasadas las once de la noche, Miriam y Elena se adentraron en el club La Rosa. Traspasaron la marea de cuerpos sudorosos de la pista de baile para llegar al otro extremo, en busca de sus amigos. Miriam se sentía avergonzada al recibir tantas miradas masculinas. Su atrevido vestuario, diminuto y revelador, llamaba demasiado la atención. No debió aceptar la propuesta de su amiga de imponerse a los engaños de su novio de esa manera. Por más furiosa que estuviera, ese no era su estilo. Se sentía incómoda y un poco enferma. Ansiaba regresar a su casa para esconderse bajo las sábanas, pero Elena no la dejaría marchar. Su amiga le había dado esa noche un largo discurso sobre quererse y respetarse a sí mismo y le aseguró que se encargaría de que ella pusiese en práctica sus recomendaciones. Pero al llegar al grupo, Miriam buscó una excusa para alejarse hacia la barra y pedir al barman un vaso de agua. Necesitaba controlar sus penas para disfrutar de la noche. Mientras traían su bebida, ella notó que entre la decoración del bar había un cartel con un mensaje escrito en letras rojas, que decía: "Pide a las brujas y ellas harán realidad todo lo que esconde tu corazón...". ¿Sería verdadera esa promesa? ¿Acaso las brujas podrían hacer que él regresara a su lado? En medio de un suspiro de frustración se giró hacia la pista para ver a sus amigos bailar. Esas promesas de brujas no eran más que cuentos infantiles, que solo los perdedores o desesperados creían. Como ella no se consideraba ni lo uno ni lo otro, decidió ignorar el asunto, pero quedó completamente impactada al verlo parado en medio de la pista de baile, entre los excitados bailarines. Era Antonio, no tenía ninguna duda de ello. Estaba muy quieto y la observaba fijamente. Miriam se acercó a él poco a poco, sintiendo un extraño escalofrío recorrerle la piel. Al estar frente al sujeto, notó sus ojos más negros de lo habitual, aunque pensaba que era producto de la poca luz del local. —¿Qué haces aquí? —Me llamaste. —¿Te llamé?... lo único que hice fue llamar a tu hermano para confirmar que te habías ido con otra mujer. Él se acercó un poco más a ella, alterándole los nervios. —Estaré afuera esperando por ti. Ya casi es la hora. No tardes. Sin decir más le dio la espalda y se retiró. Miriam quedó petrificada, sintiendo la emoción, el terror y la furia desatarse en su alma. Quería preguntarle miles de cosas, pero los insistentes gritos de Elena la distrajeron, obligándola a girarse hacia su amiga para atender su angustiado llamado. Elena se abalanzó sobre ella y la abrazó con fuerzas mientras cientos de lágrimas de pena le marcaban el rostro. —Lo siento, amiga. —¿Qué sucede? —Me acaba de llamar Gabriel, el hermano de Antonio. Me dijo que lo encontraron muerto en la casa de la tal Lucia, la que te había dicho que era su amante. —No puede ser —expuso ella, aterrada. Era imposible que Antonio estuviera muerto, acababa de hablar con él. —Dicen que fue a reclamarle a esa mujer por atormentarte, haciéndote creer que ellos tenían una relación —explicó Elena—. Pero ella lo asesinó de dos puñaladas en medio de la discusión, luego huyó. Miriam lloró, con el corazón destrozado y el cuerpo tembloroso. Elena la observó con preocupación y acarició sus brazos. —Quédate aquí, voy a despedirme de los chicos y nos iremos a tu casa. La mujer se marchó dejándola inmóvil en medio de la pista. El sonido de unas tétricas campanadas de reloj comenzó a sonar, anunciando la llegada de la media noche. Cada campanada, Miriam las sentía como puñaladas en su corazón. Corrió hacia la salida del establecimiento buscando a Antonio, con la esperanza de que todo fuera mentira y él estuviera vivo, esperándola afuera. Se detuvo en medio del estacionamiento y repasó los alrededores con desesperación, hasta que escuchó una suave voz que le susurró al oído. —Siempre serás mía… La piel se le erizó por el terror. La mente le ordenó correr pero había quedado paralizada. Unas frías manos se enrollaron en sus tobillos y la halaron con brusquedad haciéndola caer de bruces en el suelo. Su cara se golpeó en el asfalto con violencia. Miriam arañó el suelo intentando aferrarse a algo para impedir que aquella extraña fuerza la absorbiera hasta las sombras, pero todos sus esfuerzos fueron en vano. Nadie escuchó sus gritos. Ella simplemente desapareció… #Relato publicado en mi blog por Halloween, espero lo hayan disfrutado.

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