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@JJCam

Cosas que pasan. Llovía a cántaros. Rubiales no sabía qué hacer, su auto se había accidentado en un camino alterno y lejos se hallaba el puesto de auxilio. Quedarse allí podría significar pasar horas sin hacer nada antes de que alguien lo rescatara. Así que decidió caminar bajo la lluvia hasta la carretera principal. Anduvo con premura con la esperanza de encontrar pronto resguardo, pero solo se encontró con el vacío de una carretera que ahora parecía interminable. Al cabo de unas horas, divisó a lo lejos las luces de un carro y agitó sus brazos para llamar su atención. Este se detuvo, sin embargo, cuando Rubiales se acercó a la ventana, la mujer que conducía dejó escapar un grito aterrador y aceleró. Lo mismo sucedió con otros tres autos que se acercaron luego. —Algo muy extraño está pasando —comentó Rubiales preocupado. En aquel momento recordó que llevaba consigo un teléfono celular y rebuscó en los bolsillos de su abrigo mojado para encontrarlo. Llamó a un taxi, pero este, al llegar y con solo mirarlo, al igual que los demás se alejó rápidamente. Rubiales no podía entender lo que pasaba. Llamó a su casa, siendo atendido por una voz desconocida. Exigió hablar con su esposa. —¿Acaso no se ha enterado? —añadió la voz—. El señor Rubiales fue víctima de un accidente en la carretera y ella se encuentra en su funeral. Rubiales cortó la llamada y sintió pánico. Sin decir una palabra acercó el celular a su cara, como si fuera a tomarse una foto. En la pantalla se marcó su reflejo. Su rostro era una máscara de humo negro y de su imagen ya no quedaba nada.

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