read.cash Log in
@JJCam more from that month

En enero de 2007 ya era mamá. Tan solo llevaba un par de meses dentro de esa profesión y aún me sentía perdida (en realidad, esa sensación no te abandona del todo ni con el paso de los años). El caso es que las emociones me habían abrumado, pasé de ser una chica independiente y centrada en progresar a una mujer pendiente de que la vida que tenía entre los brazos sobreviviera a mi inexperiencia. Fue todo un reto. La mejor forma de enfrentarlo era recordando lo que hacía mi propia madre conmigo, así como mi abuela, mis tías y demás personajes que pasaron por mi vida y me ayudaron a formarme y ser como soy. Una de las cosas que consideré más importantes a imitar fue “desarrollar la ilusión”. Yo no hubiese sido nadie sin la ilusión, mis padres de pequeña me hicieron creer en la magia, en los sueños, en el niño Jesús, en San Nicolás, en los Reyes Magos, en el Ratón Pérez, en el coco, en la Llorona y en el Silbón jajaja y gracias a eso viví una cantidad bárbara de experiencias y aprendizajes que hoy en día me han servido para hacer volar mi creatividad y dedicarme a algo tan complejo como la escritura de novelas de ficción. Así que, quise inculcarle a mi hijo recién llegado esa ilusión. Pero tenía que practicar. Ese año me uní al “equipo de escenificación” de mis tíos, de los que estaban llenos de muchachos pequeños, no grandes como yo que ya no creíamos en nada porque habíamos descubierto todas las verdades del mundo que nos rodeaba jaja. Me volví una ilusionista como ellos, porque ahora tenía que luchar por mantener el secreto que se escondía detrás de Los Reyes Magos y de muchos otros. El día 5 de enero de ese año, en la noche, aprovechando que los niños estaban distraídos en la casa de un vecino (y el mío dormido en su cuna), organizamos la escenificación de la llegada de los Reyes. Con palos y trapos viejos hicimos la forma de patas de camellos, buscamos tierra para hacer barro, monte seco y hasta un poco de popo de caballo (los niños no iban a notar la diferencia, no han visto un camello en su vida, mucho menos su popo, así que la de caballo servía). Cuando ellos se fueron a la cama nosotros nos fuimos al patio a realizar nuestra “decoración”. Incluso esperamos a que mi abuela se durmiera, porque el desastre que armamos en el patio, tumbando los porrones de las palmeras y rompiendo ramas de algunas matas, fue monumental. Teníamos que hacer creíble que tres camellos grandes se habían detenido en nuestro patio y que tres reyes (con los zapatos sucios y embarrados por haber ido a las casas de los niños de todo el país) entraban en la casa a dejar regalos a los pies del pesebre y del árbol. En nuestra familia para Reyes no damos regalos como tal, sino cotillones de golosinas y en ocasiones, algún obsequio pequeño, como un cuaderno para dibujar, colores, temperas o plastilina (en mi casa el arte es un juego, por eso se propicia mucho). Al terminar nos sentimos muy emocionados. La casa estaba hecha un desastre, pero todo había quedado perfecto. La cara de los niños al levantarse en la mañana y ver aquello fue genial, nunca olvidaré sus expresiones de sorpresa y alegría. Luego de recibir los regalos se pusieron a estudiar detenidamente las pisadas, tanto de camello como las de zapatos, así como las popo de “camello” para saber cuáles eran las de Melchor, cuáles las de Gaspar y cuáles las de Baltazar. Pasaron el día en ese debate, fue muy entretenido. Mi abuela no estuvo muy contenta, mucho menos al ver sus matas tiradas al piso y algunas mutiladas, pero gracias a la alegría y al interés que mostraron sus nietos pasó rápido su enfado. Aunque jaló algunas orejas traviesas (no las mías porque escapé a tiempo) y puso a mis tíos a limpiar en la noche amenazando con no darles nunca más de comer si no desaparecían hasta las huellas de barro que habían dejado en las paredes (de los camellos huyendo por el techo) jajajaja. Desde ese día tomamos aquella travesura como tradición, algunos años la hacíamos más exagerada que otros, pero los niños la amaban. Mis hijos (luego llegó otro) la disfrutaron al máximo hasta que se enteraron de la verdad, después exigieron formar parte del “equipo de escenificación” hasta que tuvimos que salir de Venezuela por la crisis y mi abuela murió, separándose la familia. De aquellos días les quedaron buenos recuerdos y muchas enseñanzas que sé que pondrán en marcha en sus vidas. Esta mañana recibí la foto de una prima y me alegra ver como ella, a su manera, continúa con el legado (desde hace dos años es mamá). Miren las huellas de los Reyes en su edificio, nada los detiene jajaja, algo similar hizo el 24 pasado para destacar la llegada de San Nicolás y sus renos, quienes, según la historia que contamos a nuestros chicos, ayudan al niño Jesús a repartir regalos. En Venezuela en Navidad se espera la llegada del niño Jesús, no de San Nicolás, pero los niños no son tan tontos como para creer que un bebé recién nacido lleva regalos a algún lado, así que utilizamos la imagen de su fiel ayudante San Nicolás para eso jajaja. ¿Qué les pareció esta tradición de mi familia? #Español #ReyesMagos #Relato #HistoriasDeVida #EntreLibrosYEscritos

No comments yet

Log in to join in Reading is open to everyone. Replying needs an account.