TIRAR LA TOALLA. Un pequeño relato para no rendirse. Cansada, vencida, con las manos sucias y magulladas por tanto luchar, temblando de frío. El resultado siempre es el mismo. Nada. El mundo ha estado detenido a mí alrededor, el tren de las cuatro dejó de pasar. Solo hay luz, sol, calor. Es tan agobiante que ni siquiera se puede alzar la mirada. Pero yo siento frío, mucho frío. El pasto está seco, el polvo lo cubre todo, incluso mi piel. Me hace sentir parte del suelo. Y tiro la toalla, la dejo caer a mi lado, dejando de sentir su suave pelaje, perdiendo el abrigo que calmaba mis temblores. Se volvió muy pesada, creció demasiado. Mis manos ya no pueden sostenerla. La miro con tristeza y anhelo, con ganas de volver a tomarla, pero el vacío que tengo en el pecho y la frustración que cubre mis hombros impiden que me mueva. Y ella se queda allí, lejos de mí, hasta que llega él y la levanta para luego dirigirme su carita llena de inocencia, bañándome con su ternura. «Mami, se te cayó la toalla», dice con su voz angelical y me la entrega. Al recibirla, él sonríe, con amplitud. Se siente un héroe, mi héroe. Regresa a su juego, satisfecho, y yo me quedo ahí, con la toalla en mano, llenándome de su calor, calmando mis temblores. La sostengo con fuerza… por él y para él. ¿Les gustó? Foto: Pinterest.com #Español
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