#MicroRelato #HistoriadeVida Odiaba a Lina porque era mala. Pero no mala como nosotras, que a veces hacíamos travesuras por diversión, ella siempre era mala. Incluso en los momentos en que no había que hacerlo, como el día en que se burló del hijo del carnicero porque estaba llorando por la muerte de su madre. Lina era arriesgada, no tenía miedo a nada. No le importaba que la gente hablara a sus espaldas ni la señalara, ella solo veía su alrededor para buscar algo de maldad qué hacer. La odiaba, aunque siempre la imitaba, porque quería ser como ella. En el barrio vivía el señor Alonso. Él también era malo, pero se ensañaba con los papás cuando iban a comprar a su ferretería. A los niños solo los miraba mal, como si quisiera comérselos a mordiscos, por eso le teníamos miedo. Lina quiso desafiarlo, así que subió las escaleras hacia su piso para tocar el timbre y escapar luego a las carreras. Los adultos odiaban eso. Yo fui tras ella, con precaución, a una distancia prudencial, dispuesta a tocar el timbre también. Cuando solo faltaban dos escalones para llegar, ella se detuvo y me esperó. Estaba pálida, pero seguía decidida a llegar a su meta. Me tomó de la mano y ese contacto cambió todo entre ambas. Su mano estaba fría, sudaba y temblaba un poco, pero igual me empujó para seguir. Desde ese día nos hicimos hermanas. ©JJCAm
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