#MiniRelato #HistoriadeVida La vida es una fiesta, es lo que dicen muchos, pero hay fiestas que se salen de control y terminan en caos. Es posible salir vivo de allí, aún erguido, caminando sobre las dos piernas, pero agrietados, llenos de fisuras. La mayoría esconde esas fisuras, las opacan con rostros alegres y optimistas a pesar de que por dentro se caen a pedazos. De esa forma logran superar el caporal por algún tiempo, pero pronto se derrumban porque nada los sostiene más allá de sus sonrisas fingidas. El simple soplo del viento los amenaza e impide que vivan en paz. Las grietas hay que cubrirlas como hacen los japoneses, con barniz o resina espolvoreada con oro. Con perdón, unión, solidaridad y desprendimiento, hasta que queden cubiertas, pero igual de visibles. No es necesario esconderlas, esas roturas forman parte de tu historia. Mostrarlas es un orgullo, una muestra de sobrevivencia. Rumi, el poeta, decía: “la herida es el lugar por donde entra la luz”, así que no te avergüences de ellas, libéralas, deja que les entre el sol para que así te iluminen. ©JJCam
4 comments
Concuerdo contigo. La mayoría de las veces se intenta cubrir esas grietas o fisuras que las distintas situaciones de la vida nos han dejado, creyendo erróneamente que tapándolas dejarán de existir. Yo en lo personal no suelo taparlas siempre porque no las veo como debilidad o fracaso, sino más bien como fortaleza de haber logrado superar y continuar adelante. (sin orgullo desmedido, es bueno aclarar.) Buen tema querida @JJCam.
Así es, son marcas de superación.
Una dieta que llama a la reflexión pues así no siempre va al ritmo que imaginamos saldría todo. Lo importante es siempre tener la capacidad de reconocer y avanzar.
Así es, detenerse es perder, siempre hay que avanzar.