Un compañero de camino ¡Caballo! Así lo llamé porque ese me dijeron que se conocía el animal que tenía frente a mí la primera vez que visité las montañas con mi familia. Tenía escasos 4 años y dije que yo iba a tener uno cuando creciera, y así lo hice. Desde niña me fascinó leer sobre este inteligente y noble animal. Su versión más pequeña, los ponys, las de mitología (Pegaso, Centauros y los infaltables unicornios), todos me hacían recordar ese primer encuentro. Crecí y no compré un caballo, solo hice un amigo al que visito de tanto en tanto y me deja subir a su lomo para recorrer el camino, en ese momento somos compañeros de aventuras fantásticas de mi infancia y a veces, solo lo visito para cepillar su pelaje y sus crines y hablar de lo no tan fantástico de la vida porque siempre es bueno tener un amigo que sepa escuchar mientras le dedicamos un poco de nuestro tiempo. #NoiseCash
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