El encuentro con este hermoso cormoran (cotua como le dicen en Venezuela), fue mágico y fortuito, puesto que el estaba posando para mí en una roca a una distancia aproximada de 3 metros, y mientras yo almorzaba a las 5 (trabajo de indriver), el me acompaño toda mi jornada y un tiempo más, mientras me decía con sus alas, y su expresión corporal que lo Fotografiara para la eternidad. La naturaleza y sus vainas mágicas, por su puesto, me di las gracias a Dios por permitirme estar en ese momento preciso en el que se estaba dando, semejante espectáculo. Espero lo disfruten, tanto como yo les hice al capturarlo
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