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#PendienteDespedida #MiniRelato #Dolor #Resignación #AlertaDebate Jorge era ese amigo del que no te puedes olvidar nunca. Ese tipo de persona que se nota cuando falta. Ese típico “Buena Gente” que nunca tiene un no por respuesta. Recuerdo que le encantaban los chistes de otros y moria de la risa, pues haciéndolos era malo. Ese era el socio que no ponía reparo a nada, siempre estaba dispuesto y no había manera de verlo molesto pues eso para él no existía. Un buen día en una conversación, recuerdo claramente que era jueves a media mañana. Estábamos el grupo de siempre debatiendo un poco de la vida y dejando escapar algún que otro chiste. Ese día no parecía ser bueno para Jorge, de hecho le comentó a uno del grupo que se iba temprano pues no se sentía bien y estaba lleno de gases. Esa fue la última mañana que le vi. El viernes, a pesar de ser el último día de la semana estuvo bien agitado tanto que devoró el tiempo y cualquier ausencia paso desapercibida. Terminamos tarde y el ajetreo no dejó que notáramos su ausencia. El sábado en casa de mañana me levanté como de costumbre, ayudando a mi esposa en los quehaceres para tener el domingo libre (aún no nacía nuestra pequeña). De repente el sonido del móvil indicando la llegada del fatídico mensaje que me envió un amigo con una pequeña frase que recuerdo como hoy “Jorge Murió”. Me invadió la incertidumbre, pasaron tantas cosas por mi cabeza haciendo inexplicable la noticia. Tomé el móvil y llamé directamente al remitente de aquel trágico mensaje. Su voz sonó rasgada confirmando la noticia. No salía de mi asombro y salí casi corriendo para el lugar del velorio. Al llegar, su pequeño me abrazo y me dijo “tío, mi papá”. Que terrible momento sin poder evitar que brotaran las lágrimas en mis ojos. Solo le expresé “tranquilo hijo mío, tranquilo”. Nadie salía del asombro pues todo fue tan de repente que el llanto reinaba por doquier pues parecía un imposible. Ya luego de unos días de dar el último adiós a Jorge fue que la esposa pudo contarme la terrible odisea. Resulta que él había llegado a casa comentándole a la esposa su dolencia por lo que decidieron ir al siguiente día a urgencia pues amaneció sintiéndose peor. Al llegar y luego de un breve examen decidieron llevarlo de urgencia al salón de operaciones pues estaba pasando por una obstrucción intestinal severa. En la intervención los médicos también detectan unos nódulos de los que tomaron muestra para investigar y como es natural luego de una cirugía del intestino dejaron una colostomía temporal para evacuar la escreta. Al despertar de la pesadilla por la urgencia de la ida al salón de operaciones, Jorge aun confundido por la anestesia y luego de una larga cirugía de más de 9 horas ve a su esposa y le pregunta. Ella de manera sutil le comenta lo sucedido, pero como ya había acordado con el jefe del Tin médico le darían la noticia de su dolencia con precaución. Un par de horas después y ya recuperado en su totalidad de la anestesia nota la bolsa que colgaba de un lado de su cuerpo. Le pregunta a la esposa quien muy quieta le comenta que es algo temporal, que no pasaba nada. Él quedó calmado y hasta recibió la llamada de su pequeño que estaba llegando y esperaba subir para abrazarlo. La esposa se ausentó un momento para ir al baño. Como diría, escogió el peor momento pues en su ausencia paso uno de los médicos a observarle y preocuparse por su estado. Este le comento que se sentía un poco mejor y de paso le preguntó por la bolsa colectora que salía de la cirugía en el lado de su cuerpo. La esposa regresaba del baño sin poder impedir que al momento el médico sin reparo alguno le respondiera “eso es normal, con el tiempo te acostumbras y tranquilo que del cáncer que tú tienes mueren pocas personas”. La esposa quedó sin palabras y el médico le dio un par de palmadas a Jorge en el hombro dejándole para examinar a otro paciente. En menos de un minuto este se puso pálido, frío y con sudoraciones. La esposa le preguntó que le pasaba y él solo la miró fijamente como a quien se le apaga el alma. El sonido ensordecedor de la alarma de infarto cardíaco puso a correr a todos, ella se apartó de momento sumergida en un mar de incertidumbre y lágrimas, sin saber que aquella mirada habían sido las últimas palabras de mi amigo. Hicieron todo lo que se pudo, le diagnosticaron “muerte por inhibición”. Aquella noticia había desatado una reacción en cadena en su cerebro, que comenzó a apagar cada uno de sus órganos de manera súbita hasta dejarlo inerte, quebrando la añoranza de un hijo de sentir y abrazar a su padre. ¿Crees que alguien tiene el derecho de dar una noticia de esta manera a un paciente?. Les dejo la interrogante y espero sus respuestas. Post original de: @Freddy2021 Imagen tomada de : Pinterest

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