Se despertó por el ruido del reloj del pasillo nuevamente. Salió despacio de la cama para no despertar a nadie. El piso de madera rechinaba en aquella casa vieja, pero en su mente ya tenía el mapa de las zonas silenciosas donde apoyar sus pies. La casa, aunque de tan solo un piso, y un pequeño ático superior. Contaba con esos techos altos que complican hasta limpiar una tela de araña. Todo estaba hecho para que una persona de tres metros pasara sin agacharse. Pasó estirando sus cabezas por todas las habitaciones, para ver que todo estuviera en calma. Por ser invierno la temperatura de la casa es baja, y todos duermen con cierto abrigo, y es común despertarse con la nariz fria. Fue hasta la gran chimenea y en las brazas que quedaban, dejó algunos leños mas, para que no terminara de apagarse. Se sintió una brisa fuerte, le hizo tener escalofríos. Asi que se apuró a volver por el pasillo. La ventana del fondo estaba entreabierta. Luego de cerrarla miró por la ventana y se quedo unos minutos. Los rayos del sol comenzaban a aparecer entre los árboles. Era momento de volver a la cama. Mientras entraba a su habitación sintió nuevamente la brisa, la ventana siempre daba problemas, pero ya en unos minutos el calor del sol comenzaría a templar los ambientes poco a poco. No había nadie en la habitación. La brisa trajo un olor fuerte a humedad. Y el tapiz de las paredes comenzó a caerse. Detras, las manchas oscuras. La cama se hizo polvo junto con las sabanas y el cobertor tejido. Solo quedaron restos desteñidos. Le invadió la angustia. A paso acelerado caminó por el pasillo nuevamente. A su paso las paredes se manchaban con esa misma humedad, y se oscurecian. El suelo se llenaba de astillas de aquel parquet tan bello, que ahora se veía desvencijado, y con varias maderas faltantes. Cuando llegó a la habitación que debiera estar ocupada. Se repetía el cuadro. Ni siquiera estaban los marcos de las ventanas. Por un segundo agradeció que las paredes fueran de ladrillo. Suspiró, como desganado. Y siguió por el pasillo. En la chimenea quedaba el resabio del olor de la madera quemada, pero sin rastros de la leña, mas que una mancha negra, con escombros. Miró nuevamente hacia atrás. La ventana del pasillo dejaba entrar el sol, el frio. Y ahora ya no había forma de cerrarla. Fue hasta el almacén en la cocina, la puerta no estaba, y poco quedaba allí de la escalera que subía al pequeño altillo. Si no tiene ventanas no entra el frio, y el calor se conserva mejor arriba no? - Pensó Las endebles maderas crujieron fuerte. Pero logró llegar. Estaba oscuro. y ya era tarde para volver a buscar una vela. Se escuchaban maderas crujir abajo. Y la brisa se convertia en un viento constante. En ese momento notó que el reloj del pasillo tampoco sonaba, ese mismo que lo había despertado en primera instancia. Entre algunos huecos del techo entraba el sol. Así que se fue para el rincón mas oscuro, donde ya sabía que no llegaba a iluminarse. Limpió un poco el suelo, y se sentó. Suspiró de nuevo, porque olvido tomar siquiera un libro, aunque no podría leerlo a oscuras. En la noche la casa volverá a la normalidad. Pensó Las fotos las tomé de una casa abandonada. Y se me ocurrió esta pequeña historia. Los saludo!
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