#Relato #Reflexión Cele Moreno, un muchacho blanco, vivía en las afueras de Maracaibo, en un sector conocido como Río Cachirí. Abandonado por su padre pocos meses después de haber nacido, quedó viviendo solo con su madre, doña Inés Moreno, a quien decía quererla mucho. Doña Inés, mujer iletrada, fuerte y de tez morena, vivía aislada, se dedicaba a sembrar y cuidar sus 4 ovejas y 6 chivos. El joven Cele fue creciendo y decidió irse a la ciudad para estudiar la carrera que lo apasionaba, Medicina. Se despidió de su madre, con un fuerte abrazo y le digo: “Me voy a buscar un mejor futuro para nosotros. No te preocupes por mí, yo resolveré mis propios asuntos por ahora”. Agarró sus maletas, o “macundales” como dijo él y tomó el bus de Cachirí rumbo a La Universidad del Zulia (LUZ), la mayor casa de estudio de la ciudad. Inició su carrera. Empezó a conocer buenas amistades, las cuales le enseñaron “las cosas buenas de la vida”. Comenzó a salir, a pasear todas las semanas al salir de clases. Era común verlo en los bares y burdeles de la ciudad, donde dejaba toda su sangre y dinero adquirido por su arduo trabajo de “Buhonero”, vendedor ambulante. Mientras eso sucedía, su madre seguía allá en el monte, tiritando de frío y muriendo de hambre. Él se había olvidado de su anciana madre, faltando a la promesa que le había hecho. A pesar de la vida disoluta que llevaba, lo que más resaltaba de ese descuidado joven era la pasión por su carrera. No había existido ni existió un mejor estudiante en Anatomía que el joven Cele, y eso lo podía constatar José Ramón Sarmiento, Rector de la Facultad de Medicina de LUZ. Quizás con la experiencia de cortar, desde pequeño, animales como ovejas y chivos, desarrolló la destreza de realizar cortes limpios. Era causa de admiración poder ver como desenvolvía con suavidad sus manos, a pesar de tener un instrumento peligroso, un bisturí de Diamante, que había sido diseñado por un paisano suyo, Humberto Fernández Morán. Llegó el día del examen final, un lunes 12 de abril de 1976. Todos los ojos que estaban en la Sala Anatómica se centraron en el momento que se presentaría el joven Cele. El profesor le mostró el cadáver y le dijo: “Ábrale usted el vientre”. Sin pensarlo dos veces y haciendo arte de sus destreza enterró su bisturí en aquel cuerpo, notando que ese cuerpo era carne. Pero miró a su derecha, dio un grito inmenso y cayó casi exánime. ¿Cómo? ¿Acaso no estaba acostumbrado a examinar cadáveres? Claro que sí, pero al mirar el cuerpo era el muerto de su olvidada madre. Acciones imaginarias de un suceso de la vida real, relatado y cantado por el locutor y compositor Armando Molero, titulado “El Estudiante”. ¿Te enseña algo? Mi primer relato, @DrahcirOdnesor 28/12/2021, 01.23 pm
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3 comments
Saludos #Drachcir... tuve que buscar el tema de Armando Molero, buena adaptación... del tema musical, conocia la historia, pero no que fuera un tema de Armando y mucho menos basado en hechos reales. Feliz tarde. https://www.youtube.com/watch?v=AQirT0sREeY
Y a ti gracias por ilustrarnos.
Epale paisano. Saludos. Que bien que copiadas el enlace. A mi envejecida madre le gusta cantarla todavía. Cuando uno de mis hermanos deja de llamarla se las canto. Triste es decirlo, pero ese relato adaptado si ocurrió.