Buenas a todos Amigos y Vecinos. En esta ocasión vengo a contarles algo que me pasó. Hace unos días estuve por la calle con mi sobrina, preguntando sobre una cosa que quería comprar. En medio de todo eso, pasamos por un puesto de empanadas y yo comienzo a echarle broma a mi sobrina de hacerle un traje de empanada para ponerla a trabajar, en medio de eso ella me pide una empanada. Por supuesto que le contesto que no teníamos dinero, igual nos regresamos a ver si nos alcanzaban con lo que tenía, nos dan un monto y nos faltaba. Al final le digo que no nos alcanza y ella se pone triste por eso. Los señores del negocio nos escuchan y nos preguntan que cuánto teníamos, yo le digo y ellos dicen que pague eso por la empanada para mí sobrina. Fue un bonito gesto porque mi sobrina se la comió con gusto (nótese en la foto), pero esa situación me hizo pensar en un par de cosas... Si hubiese sido yo sola en esa situación, ¿Habrían sido tan colaboradores? ¿Y si fuese un hombre solo? Así que todo eso me llevo a reflexionar, ¿fueron amables porque se trataba de un niño queriendo la empanada? ¿Se habría dado lo mismo de ser otras personas? Ahora les pregunto a todos para cerrar este post... ¿Ayudarían o serían compasivos sin importar quién sea la otra parte o le darían prioridad cuando se trata de niños? Sin más que decir, que tenga un feliz día todo aquí.
1 comment
Es una situación que te pone a pensar y bastante. En este caso todo terminó bien porque se trataba de una niña pequeña, que como sabemos no entienden de carencias y de falta de dinero dada la ingenuidad propia de su edad. Pero en el caso de los adultos el asunto es otro. Sabemos que pueden y deben valerse por sí mismos. Y aunque a veces se nos tilde de egoístas y crueles es necesario recalcar que algunos no lo merecen por el simple hecho de no luchar y querer vivir como parásitos a expensas de los demás, esperando que alguien le deje unas monedas o les compre algún alimento. Es cierto que no todos son así, hay otros que son víctimas de un sistema y de las circunstancias de la vida y por ello llegan a convertirse en necesitados. A esos sí los ayudaría y extendería mi mano sin dudar, no para una empanada sino para cualquier otra cosa en que pudiera ayudarlos. Como siempre digo: todo depende del cristal con que se mire.