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@Denis4

Mientras crecemos, nos desapegamos cada vez más de todo. #AlertaDeDebate #Reflexión #AlertaDeOpinión Cuando somos niños, es el pan de cada día vivir una montaña de emociones, ya sea enojo, felicidad y demás cosas, pero indudablemente cuando uno observa a un niño, ve una cantidad enorme de emociones, mismas que se van apaciguando mientras crecemos. Mientras avanzamos en edad, indudablemente adquirimos mayores cosas que nos hacen ser más reacios a compartir lo que sentimos (sea por el motivo que sea). Unos los llaman discreción, otros prudencia. Cualquiera que sea el nombre, normalmente te juzgan cuando demuestras más de la cuenta tus emociones, además de que estas pueden ser un arma de doble filo. ¿Por qué mientras crecemos debemos mantener a raya nuestras emociones? De niño no dudamos en demostrar lo que sentimos sin siquiera pensarlo demasiado, pero al momento en que comprendemos más allá lo relacionado a las emociones, nos volvemos más cautelosos. ¿Realmente vale la pena hacerlo? Es entendible que todo en exceso es malo, pero siento que en la actualidad, las personas han llevado este tema demasiado al extremo, al punto que han levantado muros, han creado una máscara para cada momento, han encerrado con más fuerza aquel lado que siempre salía cuando jóvenes. Nuestro lado emocional domina de niños, pero al crecer, toma el control el lado racional. Se supone que debemos vivir en un equilibrio, sobre todo de adultos, donde se debería de tener las herramientas necesarias para alcanzar dicho equilibrio. Tristemente parece que de niños desbordamos tantos las emociones al no saber ponerle un límite, que de adultos carecemos de sentimientos profundos (más que todo apego emocional, sea a otros o a uno mismo). Porque ponernos un límite no es necesariamente negarnos a la emociones, además que pensar en dicho límite saca a relucir nuestro lado racional, ya que necesitamos pensar con seriedad cuál sería el punto máximo a permitir para dejar salir cualquier emoción. En la etapa de adulto se es más racional que emocional, pero volvemos a caer en el punto de inicio, porque de nuevo acabamos en las emociones, siendo adultos mayores (ancianos), donde extrañamos todo lo que hicimos y las personas cercanas, utilizando de armas todos esos recuerdos que llevamos dentro. ¿Vale la pena realmente dejarse llevar por las emociones o el lado racional? Una cosa es darte el derecho de sentir cualquier emoción que sientas y otra diferente es utilizar tus emociones para atacar a otras personas, tampoco es ir al extremo de simplemente ignorar lo que sentimos por algo ajeno a nosotros mismos, porque aunque no queramos, seguiremos sintiendo aunque sea en menor medida. Ser niño no significa ser sentimental, ser adulto no significa carecer de sentimientos. Es un equilibrio y un límite. Nos estaremos leyendo en los comentarios y recuerden que hay que respetar todas las opiniones aún si esta no se encuentra en la misma línea de nuestros pensamientos. Me despido @Denis4

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