"El Silencio" Había una vez un pequeño niño que desde joven fue demasiada perceptivo en cuanto a los sentimientos de otras personas, pudiendo observarlos como pequeñas luces de diferentes colores. Desde joven se dio cuenta de que él era el único quien tenía ese "talento", pues nadie más fue capaz de ver esas luces que brillaban alrededor de los demás. Por eso mismo es que se dijo a sí mismo que aquel "talento" único que tenía debía de usarlo para el bien, ayudar a los demás para expresarse mejor. Sin necesidad de que las personas se lo expresaran, él podía saber qué clase de sentimientos estaba teniendo, solo observando esa pequeña luz que acompañaba al otro. Podía darse cuenta cuando su madre estaba triste, su padre cansado, sus hermanos alterados y enojados. Cada cosa de estas podía verlas. Así fue que comenzó a ayudar a otros a poder expresarse mejor y entender sus sentimientos. Pudieran decir lo que realmente deseaban sin necesidad a ser malentendidos. Fue de esa forma que se dio cuenta que todo el mundo tiene cosas para decir, sean buenas o malas, siempre habrá cuestiones para comentar y expresar, que vienen cargados de diferentes sentimientos. Tristeza, alegría, amor, odio, cariño, desprecio... Cada uno de estos y más son las emociones que posee cada persona, siendo estos como una montaña rusa. El niño ayudo sin parar a todo aquel que podía, viendo como sus esfuerzos eran recompensados, pero hubo un día donde paso algo que lo dejó completamente sin palabras. Una persona completamente ajena a él le hizo una simple pregunta: "¿Tú eres feliz?" De inmediato sonrió y afirmo que lo estaba siendo. "Claro que sí, soy feliz porque los demás son felices". El desconocido agitó un poco su cabeza ante la clase de respuesta que recibió del otro y el niño no llego a entender el motivo de aquella expresión por parte del otro, así que decidió buscar aquella luz para comprenderlo, pero se percató de algo: no veía ninguna luz acompañar al desconocido. "¿Tú eres feliz?" La misma pregunta fue soltada al aire, pero él por primera vez no tenía una respuesta, porque si no podía ver los sentimientos de la otra persona... ¿Cómo iba a saber lo que tenía que contestar o cómo tenía que actuar? En ese momento, por primera vez, se hizo una pregunta a él mismo que nunca llego a hacerse con anterioridad. ¿Cuáles eran sus propios sentimientos? Tanto tiempo poniendo en primer plano los demás sentimientos le hicieron no darse cuenta que sus propios sentimientos se iban apagando lentamente hasta encontrarse en completo silencio. Como un lugar completamente vacío y abandonado. Como el silencio, el niño no escuchaba ningún sentimiento de su parte. #Historia #Soledad #Emociones #Vacío #AmorPropio
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4 comments
Hola Denis. Un relato excelente, centrado en una gran reflexión. Cuántos niños como este que mencionas, estarán por allí, viendo o haciendo felices a los demás, sin mirar si en su vida andan bien. Saludos.
Es que a mí parecer se debería enseñar primeramente a que esa persona esté bien antes de dar a otros, porque si no tienes nada, entonces estás dando partes de tu alma y eso no es exactamente correcto, ya que te estar quebrando para que otro este bien. Esta bien ayudar, pero sin llegar a abusar.
Tu relato me hace recordar un viejo libro que leí cuando era un niño, llamado: "Opiniones de un Payaso". El difícil arte u oficio de hacer reír a la gente cuando por dentro estás llorando por tus penas y desaciertos.
¡Vaya libro el que mencionas! Si se me da la oportunidad, me lo leeré, suena interesante, puesto que así como este actor que hacía reír y se suicidó, muchas personas hacen reír a los demás y dentro de ellos el mundo se está haciendo pedazos.