Bendiciones para todos, menos para la santa. Parte I El nacimiento de una santa. Elizabeth era una niña dulce que nació en un pequeño pueblo lejos de la capital, su familia estaba conformada por su madre y un hermano mayor. Los tres eran felices en una pequeña casa de madera, que aunque estaba un tanto destrozada, bastaba para llenarlos de felicidad. Se podía decir que Elizabeth era una niña feliz, pero cuando cumplió los seis años, justo en el tiempo en que su bautizo llegó, algo extraño ocurrió. Como si una especie de señal del cielo se tratara, todo fue llenado por una resplandeciente luz y la pequeña flor en las manos de la pequeña brotó con hermosura. Todos se sorprendieron de tal situación, pero pronto los monaguillos se levantaron con emoción, alabando fuertemente una plegaria al señor. Pronto se supo del nacimiento de una santa, aquella que era amada por el señor de los cielos y que traería paz al mundo terrenal. A pesar de que el mundo estaba en mediana paz, se olían los aires de la guerra, porque la tierra comenzaba a morir lentamente y los cultivos no brotaban. La llegada de la santa significaba que pronto todo sería resuelto. La tierra volvería a ser fértil y habría comida para todos. Los presentes se encontraban felices, menos Elizabeth, quien se enteró que tendría que dejar a su familia para cumplir con su papel de santa, por supuesto que una pequeña niña de seis lo menos que deseaba era dejar atrás a su familia. Los de la iglesia sintieron clemencia por la niña, así que dejaron irse a su hogar donde su madre y hermano la recibieron con alegría, aún la noticia de ser la santa no se había regado por el pequeño pueblo. Elizabeth pasó unos días lindos con su familia, pero un día que fue a recoger flores para su madre, la desgracia tocó a su puerta. Estaba regresando feliz, por lo menos hasta que sintió algo extraño, como si algo la ahogara en el ambiente, su sentido fue correr hacia su casa, donde pudo presenciar algo horrible. Su hermano y madre se encontraban tirados en el suelo, mientras el color rojo cubría todo su cuerpo. Elizabeth no pudo evitar gritar ante tal tragedia, a los pocos minutos apareció un ciudadano del pueblo quien socorro a la pequeña. Estaba destrozada por la perdida de su familia, así que todo paso demasiado rápido para ella, lo único que podía recordar fue haber visto al sumo sacerdote, quien le señaló que ellos se harían cargo de ella a partir de ese momento. La amabilidad del hombre consoló su dolido corazón, provocando que Elizabeth se dejará convencer por el sumo sacerdote de cumplir su papel como la santa, así podría velar por las almas de su familia. Al ver tanta consideración, sin dudar hizo lo que le sugirió, yéndose junto a este al gran templo. Lo que Elizabeth dejó pasar fue la verdad que se colaba entre la mentira. Al momento de pisar la iglesia de la capital, pronto fue conocida como la santa, venerada por los creyentes. Para todos represento la salvación y como la pequeña Elizabeth se encontró buen tiempo desconcertada por la perdida de su familia, no se daba cuenta de nada. Debido a eso mismo obedecía sin dudar al sumo sacerdote quien se hacía responsable de todo lo que hacía Elizabeth. Como una santa, Elizabeth tuvo que viajar por el mundo para traer paz y salvación, al menos eso es lo que creía, pero pronto vivió una experiencia que le hizo abrir los ojos. Iba en un carruaje en dirección a un reino para salvar la vida de la futura reina del mismo, sería más de lo mismo en esa ocasión. De pronto el carruaje sufrió un contratiempo, así que tuvieron que detenerse. Aún en contra de la regla del sumo sacerdote de mostrarse en público, Elizabeth tenía curiosidad, así que salió del vehículo. Pronto se enfrentó con una realidad que ignoraba completamente, pudo apreciar como en ese camino había un pequeño poblado muriéndose de hambre y al ver a la santa, todos no dudaron en saltar sobre ella buscando un poco de salvación. Los guardias actuaron de inmediato, apartando a la gente aún si tenían que acabar con su vida. Aquello quedó tan grabado en su piel como la vez de su familia. Todo pasó y ella cumplió con su deber como de costumbre, pero al volver, Elizabeth no dudó en enfrentarse al sumo sacerdote, ya que no entendía nada, si ella daba tanta salvación... ¿Por qué aún había gente sufriendo? El hombre amable que la ayudo en su penuria cuando su familia murió, desapareció en ese momento cuando el hombre le señaló que la salvación solo llegaría para quienes tuvieran el poder de pagarla. Evidentemente Elizabeth se negó y si el sumo sacerdote no estaba de acuerdo con ella, entonces se encargaría ella misma de darle salvación a todos. De pronto fue detenida en la entrada y pudo escuchar aquellas palabras que terminaron destruyendola. -¿ A dónde crees que vas? ¿Acaso se te olvida que como Santa tu le perteneces a la iglesia? La libertad que hasta ahora había tenido se perdió por completo cuando unas esposas adornaron sus muñecas, pronto fue llevada a una habitación donde la única luz del exterior que veía era a través de la puerta, no había ventanas en aquel lugar. A partir de ese momento Elizabeth no pudo dejar esa habitación, únicamente podía salir cuando tenía que darle salvación a algún noble o persona con dinero y siempre con estricta vigilancia. Poco a poco, Elizabeth comenzó a perder las ganas de vivir, ya que no tenía comunicación con nadie, ni siquiera cuando salía le permitian decir más palabras fuera de las oraciones de salvación. Estaba encerrada, pronto se convirtió en prisionera de la iglesia, lo peor de todo es que nadie veía lo que sucedia como algo malo, simplemente lo tomaban como una forma de mantener pura a la hija amada del señor de los cielos. Todos veneraban a la santa por sus buenas acciones, la consideraban una especie de tesoro, muchos deseaban ser tan amados como la santa, sin saber realmente lo que sucedia detrás de puerta, en los adentros de aquel gran templo, porque cuando Elizabeth se negaba a algo, la obligaban a recibir látigos para salvarla de la desobediencia. Su vida se había convertido en un verdadero infierno, en donde constantemente era castigada y encerrada en contra de su voluntad. Ni siquiera tenía poder sobre su propia vida, porque cuando Elizabeth trataba de acabar con su sufrimiento, los monaguillos usaban agua bendita para revivirla, haciendo que todo se volviera más agonizante para la pobre joven. La mujer comenzó lentamente a perder su voluntad, convirtiéndose cada vez más en una bella muñeca que todos admiraban desde la distancia, una linda imagen a la que todos le rendían plegarias. Los años pasaron y al ser una niña amada, el tiempo para Elizabeth era lento, así que aún teniendo más de trescientos años de sufrimiento, seguía estando con vida, ya que ella fue la imagen que levantó de nuevo la religión y creencia en los ciudadanos, dándole poder a la iglesia, la cual se volvió tan importante como los mismos gobernantes de la tierra, nadie dudaba de algo dicho por el sumo sacerdote. Pero el poder de la iglesia volvía a flaquear, cuando la santa estaba finalmente llegando a sus últimos años, necesitaban hallar a una nueva santa para que nuevamente el poder volviera a estar sobre su mesa. Continuará.... -------- Esta historia originalmente iba a ser corta, pero cuando me vine a dar cuenta, me salió demasiado largo... Por eso decidí dividirlo, creo que serán dos partes o tres, no les puedo confirmar eso. Espero les guste está "corta" historia sobre el lado feo de formar parte de una congregación religiosa... Tenía tiempo queriendo escribirla. Todo esto es ficción, sin ánimos de ofender a alguien o alguna religión. Nos estaremos leyendo en los comentarios. Feliz noche para todos ustedes.
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2 comments
Bueno, tu relato aunque es una ficción toca elementos muy verídicos de alguna religión. El mal llamado "negocio de la fé". ..me recuerda una frase de un sketch, en un programa de humor en Venezuela: "La fé mueve montañas....pero hay que pagar".
La manipulación, el ofrecer los servicios religiosos y beneficios únicamente a los que puedan pagarlos... ¿Ficción? No lo creo. Estaré atenta a la próxima entrega, quedé con ganas de más. Nos estaremos leyendo.