Sabías que todo el bien que haces te regresa multiplicado? Puedes ayudar con un poco de comida, un abrigo, un abrazo o una sonrisa amable. Esa compasión tuya alegra el corazón de Dios, porque a Dios le prestas cuando das al pobre y todo el bien que haces el te lo volverá a pagar. Y es ilógico e increíble: Cuanto más retienes más te falta. Cuanto más das, más te sobra. En la medida de tus posibilidades acuérdate de los pobres y Dios no te olvidará!
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