Manitos de Manteca. #manitos #manteca Las cosas son como salen y no como uno quiere. Este domingo de lluvias esporádicas y molestas, con aguas no del todo gélidas, nos servirá para desarrollar una idea. ¿Cuál idea? No lo sé. La del imprevisto. ¿Y si desarrollas la idea de los imprevistos ligada al mundo de las criptomonedas? Sí, sí. Pero no. Yo diría ligado al mundo, y cómo en el ámbito de las monedas se reflejan esos avatares azarosos. La cosa es así. Ya he dicho muchas veces que soy jugador de Gods Unchained. Y que los fines de semana se juegan las intensas partidas renqueadas. Que ya no son como al principio. Pues se han ido volviendo muy duras y difíciles de llevar adelante si vuestro objetivo es ganarse unos cuantos NFT. Yo las juego de la siguiente manera. Aunque tiene que ver cómo me va yendo. Porque si me va bien suelo hacer más batallas ese día. Son 25 batallas cada fin de semana, si quieres realizarlas a todas, se hace largo. Así que yo las divido en 3 noches. Las del viernes. Las del sábado. Las del domingo. Intento jugar unas 8 por noche. Si me va bien, hago más. Este viernes, en una de esas contiendas, tenía el tablero dominado. Y ya parecía que ganaba. Pero cometí un error, que mi rival aprovechó de manera magistral, y me revirtió la partida. Todavía lo pienso y no lo creo. Qué loco. Si supieran que para que eso ocurra no alcanza solamente con mi error. También hay que tener un jugador competente en frente, y que con las cartas que tenga en la mano en ese momento pueda llevar adelante una buena jugada. Y ocurrió. Me terminó ganando por 1 punto…. Para mi bronca. Y sí, la cuestión es que me enojé bastante con migo mismo. Es que ganar los token Gods es fácil, pues siempre te dan un par como mínimo si has ganado unas cuantas batallas. Obtener NFT no es tan fácil. Y perder peleas que tenías controladas te acerca al fracaso. Como yo ahora mismo. Esta noche necesito ganar 6 de 9. Es duro, porque los rivales que suelo tener no son improvisados. Es muy difícil que te aparezca alguno que no tiene idea. Pero bueno, lo intentaré. MI CONSUELO. Hoy jugaban la final del comapeonato de fútbol un equipo chico de mi país TIGRE vs un equipo grande Boca J. Imaginan todo el esfuerzo de este humilde equipo para llegar a esa dichosa final. ¿Y qué pasó? Cuando todos pensaban que iba a ser un partido largo, chato y sin muchas emociones. El típico partido de final, donde prima el estudio y la tranquilidad para no cometer errores, pasó lo que no tenía que pasar. ¿Qué es eso? El error. El imprevisto. Ese momento fatídico que lo echa a perder todo. Ese segundo que no se quiere recordar jamás. El joven arquero de TIGRE quiso atrapar un sencillo tiro de cabeza al arco, en un córner, y la pelota se le escabulló por entre las manos. El cabezazo de Marcos Rojo era inofensivo. Ese arquero atajó un montón de partidos seguidos de manera estupenda. Dando seguridad a su equipo y resolviendo las situaciones de peligro. Pero hoy, en la final, hizo todo lo contrario. Tuvo ese segundo fatal donde sus manos no pudieron atrapar un tiro muy simple. Estas cosas pasan. Estas cosas le han ocurrido al arquero y también a mí. Y la realidad que no debe ser motivo de enojo. Porque sino sucede lo mismo que al arquero y a mí. Después de mi error quedé caliente y el siguiente partido lo jugué enfurecido. Y casi lo pierdo. Lo mismo el arquero, pues ya no pudo jugar bien de nuevo el resto del partido.
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