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Las 5 palabras del capo. Objetivo - Derrumbe - Ahogado - Duro - Fuga Juan Fulago ingresó en una antelada vedada para la gente común. Lo acompañaba su socio, Carmino Buranto. El lugar se encontraba detrás del Bar de don Froilanche, un viejo cantinero ligado a los negocios sucios. Aguardaron escasos minutos hasta que la puerta de la sala se abrió. Pasen dijo un hombre. Se encontraron con un salón de reuniones muy bien equipado. Rocola, mesa de pool y bodega. Era el aguantadero perfecto. Sentado al otro lado de un escritorio los esperaba Giaccomo Verdutti. -Tomen asiento,- exhortó. Los hombres obedecieron en silencio. -Los he traído aquí,- continuó Giaccomo, -porque quiero que desaparezcan a Edgardo Barrena.- -Pero tiene nietos pequeños,- reaccionó Carmino. -Y eso qué importancia tiene,- preguntó Giaccomo. -Ninguna, ninguna,- se apresuró a responder Juan. -Entiendo. El asunto tiene que ser finiquitado lo más rápido posible. Y cuando todo esté terminado, pagaré sus honorarios. - Sin mucho más que acordar, Juan y carmino se alejaron del lugar. -Casi nos haces quedar mal frente al mafioso ese,- reprochó Juan. -Es que me da pena cuando se trata de gente buena.- Explicó Carmino. -A veces quisiera haber seguido en la pizzería.- Juan lo miró serio. -Negocios son negocios.- Dijo. -Esos chicos va a extrañar a su abuelo.-Comentó Carmino. -Claro, claro porque al viejo ese le vamos arrancar la cabeza de un tiro.- Al día siguiente Edgardo Barrena caminaba como de costumbre por la senda del parque. Un inmenso espacio verde que permitía actividades al aire libre. Lo que Edgardo no sabía era que lo observaban. - Ahí va,- dijo Juan. -El momento de la ejecución se acerca.- agregó. Carmino le puso la mano en el hombro. -Quizá deberíamos....- -Basta,- interrumpió Juan y lo empujó hacia atrás. -Lo vamos a limpiar y el dinero será nuestro. - -Claro que no,- respondió Carmino. -Ni se te ocurra intentar impedirlo porque vas a terminar en la misma fosa.- Carmino señaló en dirección a la senda. -Es que no estás viendo, el viejo cayó al suelo y se agarra el pecho, debe ser un infarto.- Juan volteó para comprobar que lo que decía su colega era verdad. - La pucha que lo parió... está en el suelo.- -Y si muere de manera natural nosotros no vamos a cobrar un peso. ¿Verdad?.- Se preguntó Carmino. Juan se agarró de la cabeza. Esto no puede estar pasando. Luego salió corriendo. Una señora también se acercó al lugar para prestar su ayuda. Juan llegó primero y se acuclilló en el suelo y comenzó maniobras de primero auxilios. La señora sacó un teléfono y llamó al hospital. Mientras Juan continuó reanimándolo. Carmino miraba de lejos. -¿Le está salvando la vida para después matarlo?- Si no hubiera dinero en medio, nada de eso tendría lógica. La ambulancia llegó muy rápido y por detrás el móvil del canal de noticias local. Bajaron corriendo. La reportera se dirigió a la señora y enseguida abrieron la cobertura del evento en directo. -Señora, cuéntenos qué está pasando,- le dijo. -El intendente Edgardo, iba caminando.... y .... y .... usted sabe de sus problemas cardíacos. Cayó al suelo muy grave, pero ese hombre de allá,- señaló a Juan, - le salvó la vida, es un héroe.- La reportera interceptó a Juan que quería abandonar el lugar. -Usted es un ángel de la guarda, usted ha salvado la vida del intendente de la ciudad.- Juan con el micrófono enfrente, y sin poder escapar tuvo que responder. -Hice lo que cualquier ciudadano honesto habría hecho.- Carminio lo escuchó de lejos aguantando la risa. "Al menos, sus nietos no la van a extrañar," pensó. Ya imaginaba que con todos esos enredos iban a tener que lanzarse a la FUGA de la ciudad, lo antes posible. Pues el DERRUMBE de los planes de Giaccomo los postulaba como responsables. FIN

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