Las palabras del capo. Aliento - Vencedor - Sombrero - Mojado - Rudo #relato #dinámica El gordo Trunquilanquen era un hombre que no dudaba emitir su disconformidad en cualquier situación. Ese día estaba en medio de un arduo debate con su vecino Florencio, también conocido como el RUDO del barrio, porque le pegaba hasta a las mujeres. Doña Luisa, que los vio bastante entreverados, no aguantó más el silencio y emitió una propuesta para dirimir los ánimos. -Por qué no lo deciden en una competencia, como el año pasado.- -Eso mismo iba a decir yo,- respondió Florencio. --Claro, una competencia de carrera con obstáculos, qué conveniente,-- ironizó el gordo. -Medían 20 centímetros las vallas,- recordó Florencio. -- No pude superar ninguna.-- -Eso es imposible,- se quejó Florencio. Luisa de nuevo interrumpió. -Lo recuerdo bien. Por eso mismo creo que en esta oportunidad tiene que elegir Jaime Trunquilanquen, sería lo más justo.- Florencio asintió con mueca de fastidio. Aceptaba el desafío pero no con buena predisposición. El gordo festejó con los brazos en alto. --Será una competencia de comidas,-- anunció,- -resultará VENCEDOR el que consuma mayor cantidad de comida mañana a la noche.-- -Lo haremos en la casa de la cultura,- interrumpió Luisa. -Y por qué allí,- le preguntó Florencio. -Porque hace mucho tiempo que en la casa de la cultura no tenemos ninguna actividad,- explicó ella. -Ya me parecía que esas agrupaciones nunca hacen nada.- -Cómo que nunca. ¿Y ahora? O ya se le olvidó la competencia de comidas.- Refutó Luisa. -Mejor no le respondo.- Comentó Florencio. -Mejor, porque me voy a comentar la competencia en la radio FM del barrio. No sea cosa que tenga que anunciar algún agravio de uno de los competidores. - -No, no,- dijo Florencio. El gordo esbozó una sonrisa. "Esta vez la gloria no se me escapa," pensó. A las pocas horas, la radio exploto en audiencia. La gente se entusiasmó con la competencia de los vecinos. ¿El motivo? Parecía no importarle a nadie. Era como estar MOJADO, a nadie le interesaba cón qué, sino cómo sucedió. En las redes sociales hicieron mención del desafío. Se presentaba como una publicación de facebook. Y de repente, con el correr de las horas, se llenó de comentarios y de apuestas. La gente del barrio era generosa. Y comenzó a recompensar a los vecinos. Les daba aliento. Y le llevaban regalos. Cajas de comida, de ropa, de bebidas. La realidad era que querían su selfie para presumir por todas partes de internet. Y la mecánica era similar en todos los casos. Por ejemplo, Pedro visitó la casa del gordo. Tocó timbre. Jaime abrió. --Hola, -- le dijo. -Hola Jaime, vine a desearte suerte, - --Gracias, amigo-- - Mira lo que te traje- le dijo, y exhibió un pastel de chocolate en su mano. --Pero no hacía falta, -- comentó Jaime, -- muchas pero muchas gracias, no sé qué decir,- se disculpó. -- Espero que lo disfrutes, pero antes de irme me gustaría tomar una selfie contigo,--Le dijo. El gordo cuan estrella de cine, posó junto a Pedro. Así se repetía este asunto, con los dos contendientes. La gente quería su momento de gloria con alguno de los competidores. Y para conseguirlo le llevaban regalos. A la noche siguiente, la casa de la cultura estaba llena, como se dice, no cabía un alma más. Florencio, el rudo del barrio, fue recibido con tenue efusión. Caminó por un pasillo conformado por las filas de las sillas de los presentes. Era una especie de desfile. Esa senda lo llevó hasta la escalerita del palco. Subió y se sentó en una mesa individual puesta para la ocasión. Luego ingresó el Gordo Jaime con un SOMBRERO negro que le daba elegancia. El recibimiento fue ensordecedor. La gente le dio un ALIENTO descomunal mostrando quién era el favorito de la competencia. Subió a duras penas al palco. Apenas se podía mover por su sobrepeso. Luego subió Luisa con un megáfono y anunció la competencia. Les deseó suerte a los dos. Luego ingresó un mozo con dos platos en sus manos. Cada uno de ellos tenía un pollo asado con papas. Se los entregó a los competidores. La gente estaba ansiosa y le pedía a la organizadora que señale en comienzo de la competencia. -Dale vieja, lárgalo de una vez,- se escuchó un grito poco respetuoso escondido en el anonimato de la multitud. Y Luisa anunció el inicio. -Listos, preparados .....¡YA!- gritó. Florencio comenzó a cortar la pechuga en pedazos. Cortaba y comía. El gordo, arrancó una pata con su mano y le dio un mordisco. Luego escupió el bocado y dejó caer la pata sobre el plato. De sus ojos brotaron lágrimas. -No puedo tragar, comí todo lo que me regalaron y ahora no tengo hambre. No doy más.- FIN
3 comments
Pobre Trunquilanquen!!! ¿ de donde carajos sacas estos nombres #Dado ? jajaja. se comio todo antes de la competencia, que final jajaja. Gracias por participar en las #5PAlabras.
Me gustan mucho los nombres ridículos e impronunciables. Le dan cierta nitidez a los personajes cosa que no ocurre al ponerle nombres comunes.
En eso tienes razón esos nombres rimbombantes y poco comunes le ponen un extra a la lectura. Feliz día viejo.