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Lluvia - Carambola - Tieso - Claustro - Silbato #Dinámica5PalabrasdeLucy #Relato #BigVERSO DE ECLESIASTAS Y ENTUSIASTAS Eran las 17:35 horas. Atilio Buzeca estaba erguido, firme, e inmutable ante la tempestad que soplaba ese día. la LLUVIA era intensa y portadora de gélidas caricias. Pero Atilio miraba con desprecio a sus alumnos pupilos esperando que alguno se mueva, tiemble o emita muestra de intolerancia a la inclemencia. El CLAUSTRO oscurecido por la tormenta lucía ominoso con las corrientes de aire circulando en el interior de ese patio custodiado por las edificaciones lindantes en un rectángulo perfecto. Los alumnos en dos filas soportaban abombados el tormento de la disciplina eclesiástica. Cada cierto tiempo, Atilio esbozaba alguna arenga que pretendía inculcar el carácter necesario para aumentar la resistencia. -No sentimos frío.- Gritó. -No sentimos frío.- Repitieron los alumnos de las dos columnas entre temblores y semblantes pálidos. -Nadie se mueve hasta que el sonido lo ordene.- Gritó. Los alumnos repitieron. -Nadie se mueve hasta que el sonido lo ordene.- Un poco antes, a las 17 horas, cuando la tormenta comenzaba, Atilio se había reunido con Budika, un colega del colegio. -Creo que este clima nos va venir bien para darle una lección a estos cretinos.- -La disciplina ante todo,- confirmó Budika. Atilio le dio un silbato mientras explicaba. -Como son mis alumnos, yo también debo asumir el castigo porque en algo he fallado, debido a que ellos han traído ese material.- Budika escuchaba con atención. -Y qué tengo que hacer yo,- le preguntó. -Serás el árbitro del castigo. Cuando creas que fue suficiente, sal al CLAUSTRO y has sonar el SILBATO para informar que el castigo ha terminado. - Ambos estuvieron de acuerdo y se separaron. A las 18 horas, Pedro Toluca ingresó a la oficina de Budika con una caja en la mano. -Tienes una cassettera,- preguntó. -Sí, claro,- le respondió. -¿Qué necesitas?- Budika mostró la caja que traía. - Es el material secuestrado. Quisiera darle una mirada para corroborar de que no se trata de un error.- dijo. Los dos párrocos se pusieron de acuerdo e introdujeron los video-cassettes en el aparato para comprobar su contenido. En la pantalla del televisor se veía una rubia de proporciones soñadas que se desvestía. Al poco aparecía un hombre fuerte y el pecado comenzaba a surcar la pantalla en todas formas. -Qué horror dijo Budika,- al momento que ponía sus incómodas manos en la cintura intentando disimular su pinochezca sotana. -Es muy feo,- comentó Pedro y se sentó a contemplar las imágenes de la rubia haciendo cosas. Ambas sotanas lucían inquietas aquella tarde. En el patio, el invierno y la tormenta azotaban a los pupilos. Atilio aguantaba TIESO como si estuviera ausente de ese suplicio. -Aguanten, el frío cesará pero el recuerdo les impedirá tropezar con la misma piedra.- Luego de un tiempo, el video terminó. Pedro pateó la silla y salió disparado con las manos bajo la Sotana. -Es hora de las oraciones,- dijo y marchó despavorido con rumbo incierto. Budika sacó otro cassette de la caja y lo metió en el aparato. Miró la hora, eran las 18:45. -¡Dios mío, es muy tarde!- Exclamó. -Deben estar helados,- se dijo, mientras ponía el silbato en su boca para salir al patio. En la pantalla apareció una morena de pechos ostentosos y Budika torneó la cabeza para observar mientras caminaba en dirección a la puerta de salida. Tropezó con la silla que había dejado desacomodada su colega. Durante la caída puso la vista en frente para comprobar que estaba cerca del marco de la puerta y que el golpe era inevitable. Hizo CARAMBOLA contra este y el suelo. El silbato se le atrancó en el cuello. Sin aire, sin voz, lleno de dolor cerró los ojos mientras en acto reflejo se tomó del cuello. Son las 23:45, todo está oscuro. La lluvia sigue cayendo. En el patio no se ve nada. Ni hay movimientos. Y hace horas que dejó de escucharse la voz de aliento del párroco. Los alumnos no han regresado a sus habitaciones. FIN

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