#6Palabras son: Exagero, Vecino, Ocho, Baile, Herencia y MAMA... Vamos allá: El ESPÍA del barrio Mi MAMÁ me había dicho que no hay que espiar a la gente. Pero la realidad es que muchas veces la curiosidad resulta un estímulo OCHO veces más fuerte que cualquier razón noble y de alto valor moral. Sepan que yo tampoco he sido una persona recta. Ni un dechado en algún tema. Lo asumo. Y por eso mismo creí que era razonable dejarme arrastrar a la voracidad de las acciones voyeuristas que me invadían. Pues la génesis de mi curiosidad radicaba en mi vecino. El macho del barrio. No EXAGERO. Muchas mujeres acudían a él. Se puede decir que disfrutaba de la vida con todas. Y yo quería tomar nota. Quería saber cómo lo hacía. A ver si de una buena vez por todas se me daba. El tipo era un maestro en las artes amatorias. Era un símbolo del placer en mi barrio. Muy pocas mujeres se resistían a sus encantos. Y yo quería ver cómo lo hacía. Eso no podía estar mal. Así que me dije que si espiar al prójimo era un pecado, yo sería pecador. Que sí aprender de los mejores era un crimen, yo estaría condenado de por vida. Que si observar el interior de una vivienda era un acto demencial, yo merecería un encierro en el psiquiátrico. Esa tarde sentí los flejes de su cama vibrar como si pidieran clemencia, estaban rogando un alto al fuego. Pero mi vecino era implacable y no daba tregua ni siquiera los domingos. Vivíamos en casas de barrio, separados por una pared medianera, y era imposible ignorar esos fastuosos sonidos. Me metí la mano al bolsillo. Estaba impaciente. Hasta que no pude resistir más. Me dije que ya estaba en el BAILE y tenía que bailar. No podía huir de mi destino. Tenía que aprender a hacer todo lo que ese vecino hacía. Esa sería mi HERENCIA para el resto del mundo. Me volvería un maestro amante y le enseñaría a los que no saben. A los ignorantes. Así que reuní coraje y descaro para saltar el paredón. No me costó trabajo porque arrimé un banco. Había visto muchas películas de espías internacionales que actuaban con sumo sigilo. Así que imitando esos movimientos comencé avanzar hasta la ventana del fondo de la habitación de mi vecino. Claro, la misma que estaba separada por la pared medianera de mi propia habitación. Los gemidos parecían una melodía. Tenían ritmos y descansos acordes. Ya quería saberlo. La ansiedad me estaba matando. Introduje las manos en mi bolsillo y me aproximé a la ventana. El ritmo no paraba. La cama temblaba como si la falla de San Andrés se hubiera activado ahora mismo. Por fin estuve junto a la ventana. Me asomé con cautela para mantener mi rol de observador encubierto. No quería que me descubran. Me intrigaba la identidad femenina que estaba llevando adelante esa hazaña. Y en ese momento pude comprobarlo. -¿Mamá?- -¡Mamáaaaaaaaaa!!!!!!- FIN
4 comments
Mamáaaaa jajaja. Tanto deseaba espiar y resultó que terminó viendo lo que no esperaba. Más allá del disfrute del relato nos queda el mensaje de que la curiosidad a veces nos trae aquello que no querremos siquiera saber.
Qué lindo es encontrar estas reflexiones y análisis del texto que uno escribió. Muy atinadas sus apreciaciones, pero no sé si usted me creería si le digo que nunca pretendí instaurar una moraleja.
Le creo porque me pasa que muchas veces escribo con otras ideas y algún lector lo analiza siguiendo otras líneas, y es que la vida en sí misma y todas nuestras acciones terminan dejándonos alguna moraleja. Fue un gusto pasar y disfrutar de una buena lectura.
Jajajaja BUENIIIIIIISIMO !!! jejejeje, muy buen despiste empezar con MAMA en la primera linea del relato, gracias pór participar.