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LIBRE POR UN DÍA #LIBERTAD He sido libre y vengo a narrarlo. Fue por corto tiempo. Pero valió la pena cada perro segundo. -¿Ya te metieron preso de nuevo?- -- No señor. Nada de eso. No me escapé de ningún penal ni tengo alguna condena que cumplir.-- Ver la cara de la libertad es una situación que no todas las personas pueden manejar. Para muchos la libertad es crear las condiciones para que grandes núcleos económicos o empresas muevan capitales irrestrictos en detrimentos de la gente común. Yo no me refiero a nada de esto. Para otros la libertad es andar con varias mujeres a la vez sin que ninguna lo sepa, o que todas tengan conocimiento. Tampoco me refiero a esto. Esa, en todo caso, fue una etapa más juvenil. Yo estoy hablando de una libertad mucho más grande. Porque sus lazos se han vuelto omnipresentes. Y es tan fácil romperlos. ¿Qué paradoja, no? Una cosa fácil de evitar se ha transformado en la piedra con la que tropieza el 99% de la población mundial. Entonces, la libertad de la que les hablo es mayor a todo lo enumerado. Porque es absoluta. Y miren lo que me ha pasado. Esta mañana muy temprano salí de viaje con rumbo norte. Entrado el otoño, el amanecer llega mucho más tarde que en los meses previos. O sea que era de noche. Al poco andar advierto como el fruto de mi descuido se estaba consumando de manera encubierta. ¿Qué es lo que pasaba? Me estaba olvidando mi tonto teléfono celular. Qué horror, qué descuido, qué suerte que me di cuenta. Había recorrido muy pocos kilómetros (Unos 10). Podía regresar a buscarlo. ¿Saben qué hice? ¿se lo imaginan? ¿No lo saben? Dije que el teléfono se vaya a la re mil perras que lo p… Y continué con mi viaje. Para muchos sería una tragedia estar sin su dispositivo móvil. Para mí no. Para mí es una bendición. Y ahí estaba yo en mi pedestal de tranquilidad libre de estúpidos mensajes y odiosas notificaciones que a uno lo irritan con esos sonidos salidos de la cloaca del infierno. Hasta de repente el aire se sentía más puro. El tiempo más largo, el sol más brillante. Y sí, parecía que en el horizonte había árboles y cosas. Un montón de cosas que mirando las pantallas de vidrio iluminadas no se perciben. Ahí estaba yo, viajando 300kmts de aquí para allá sin la molestia de ese aparato inoportuno que suena cuando a otro se le canta molestar. Y yo, que astuto y superior a cualquier tecnología había encontrado la manera de anularla. Era tan simple como dejarlo lejos de mí, para que su maligna radiación de microondas no contamine mi cuerpo. Yo viajaba libre. Conmigo. Tal vez preso de mis limitaciones. Pero con la certeza de que no iba a escuchar a nadie. Pagando con papel moneda, como lo hacía San Martín hace más de 200 años. Y como lo hacen los Lanister que siempre pagan sus deudas. ¿Eso me convertía en un patriota? Podría ser. Yo creo que sí. Andar sin esas horribles pantallas de comunicación es algo que pocos patriotas hacen en la actualidad. Yo lo hice y fui feliz. A mi regreso ahí estaba el pavo dispositivo. Esperando a que lo vaya a ver con muy pocos mensajes y notificaciones. Al final, llevarlo o no, seguro que no habría hecho la diferencia en nada. Así que mi consejo de hoy, es que tengan mucho cuidado con esos aparatos de telefonía que muy pocos usan como teléfonos, y que para burlarse de los organizadores de semánticas sociales, muchos usan para cosas insólitas, sacar fotos, y hasta leer libros. Yo les digo, Traten de olvidarse de esos aparatos y verán que muchas cosas mejorarán. El tiempo transcurrirá de una manera más natural y la vida parecerá más bella. TEXTO PROPIO IMAGEN EDITADA

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