La Botija
*Anécdota relatada por mi madre, de un evento que ocurrió durante su infancia en su ciudad natal.* Nací en el Estado Táchira, es un estado de la región Andina Occidental que tiene frontera con Colombia. Desde muy pequeña oí los mitos y leyendas de la región; si te dolía una muela te la curaban con un rezo, una oración secreta que sólo la sabía el rezandero. Igual si había un niño con mal de ojo se curaba con un rezo. Les cuento que de inmediato desaparecía la fiebre y los malestares y yo decía: *“¿pero cómo se sugestionó el bebé si no sabe lo que está pasando?”* Crecí con todas estas creencias y fantasías que lo ponen a uno a dudar de qué tan cierto sean estos mitos. En los años 1879 las personas comercializaban con una moneda de oro llamada *“morocota”* estas monedas eran guardadas en vasijas de metal y enterradas, esa era la entidad bancaria en la mayoría de las haciendas y casas de campo. Se abrían los huecos en las habitaciones o solares, y allí enterraban el patrimonio familiar. Ya con el paso del tiempo morían las personas y se llevaban con ellos los secretos de la ubicación de donde enterraron sus botijas, y después de muerto los familiares destruían la propiedad para *“encontrar el entierro”* como coloquialmente se le dice en estas zonas de la región andina. Algunos decían, cuando la búsqueda era fallida, que no podían encontrar la botija de oro porque había un familiar ambicioso y eso era motivo para que los difuntos no dejaran tener éxito de encontrar el entierro. Oía a muchos abuelos echar los cuentos de que les apareció una luz y le daba la ubicación de esas botijas y que se habían hecho millonarios luego de encontrar el entierro, otros que se les aparecía el diablo, hacían pactos y les vendían el alma para encontrar las fortunas en oro que estaban enterradas. Pero mi tío, Salvador Pérez, uno de los hermanos de mi padre, encontró su entierro y su botija y de la noche a la mañana se hizo rico. Imagínense la incertidumbre; yo tenía 12 años de edad y pasa esto. La gente hablaba de ese entierro y decían que mi tío había hecho un pacto con el diablo. A mí me asustaba todo lo que se decía, y pensaba que la gente tan intrigante y con tanta imaginación ya iba a hacer una leyenda, pues empezaron los comentarios. Mi tío cambió por completo; fue desde entonces una persona mezquina y muy egoísta. Se casó y no tuvo hijos. Adoptó un varón. Mi tío se puso diabético, le amputaron las dos piernas y a los años murió… Pero que terrible fue el día que murió. Sólo llovió arriba de su casa y eso daba como miedo. Luego llegó la gente de la funeraria y lo metieron en el ataúd y como por arte de magia se cerró. Fue imposible volverlo abrir. Siguió la lluvia sólo en la parcela y arriba de la casa tipo hacienda y a la vez tipo mansión. Les cuento que no pudieron rezar o sacarlo de la casa y el cura no pudo entrar a dar sus oraciones. Cuando lograron montar el ataúd en el carro funerario para ir al cementerio pasaron eventos de todo tipo: se apagaban los carros y cosas insólitas, hasta lograr ya casi en la tarde noche enterrarlo. Entonces; *¿sería verdad del pacto que pasó con todo esto?* Se convirtió en leyenda mi tío y su botija de oro.
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