read.cash Log in
@CarlosF

Érase una vez un planeta hermoso y saludable, habitado por animales y plantas de todo tipo. Con el paso de los siglos, una de sus especies ---la pensante, consciente y racional--- sobrepasó los límites de la ambición, la insatisfacción y el materialismo, hasta el punto de no atender, voluntaria o involuntariamente, a las consecuencias. Así, de ser un planeta bello y sano, pasó a ser un planeta desaliñado y enfermizo, que comenzó a sufrir un aumento de las temperaturas; calentamiento global, lo llamaron. En sus lugares más fríos, los blancos paisajes helados desaparecieron al derretirse sus reservas de hielo. Predijeron que esto elevaría el nivel del mar; y así fue. Advirtieron que las profundidades de los océanos se convertirían en desiertos inertes; y así sucedió. El panorama era difícil de asimilar; arrecifes de coral muriendo, especies marinas migrando más allá de su hábitat natural en busca de aguas más frías ---convirtiéndose en especies invasoras---, así como muchas otras sufriendo alteraciones en su metabolismo, ciclo vital y comportamiento. Sabemos que el suelo de la tierra dejó gradualmente de ser el Edén; zonas antes exuberantes empezaron a perder vegetación y recursos, mientras que otras zonas más secas iban camino de convertirse en desiertos. También sabemos que las partículas contaminantes invadían el aire, el agua y la tierra, mientras que las grandes ciudades estaban expuestas a la contaminación acústica y lumínica y a los residuos orgánicos e inorgánicos diarios de sus habitantes y de las grandes industrias. El ser humano no tuvo más remedio que empezar a prepararse para afrontar la sexta gran extinción de especies. Años antes, cuando los ecosistemas y los habitantes del planeta estaban en peligro, los expertos advertían cada vez más que, si no se tomaban medidas urgentes, el planeta acabaría al borde del colapso. Sin embargo, no todos comprendían la gravedad del problema. Algunos incluso negaban que la gente tuviera algo que ver con él o que las consecuencias fueran tan devastadoras. Al final no se hizo nada para revertir los daños. Lo más triste de esta historia es que no se trata de una fábula, sino de la realidad de un planeta azul llamado Tierra, que alguna vez existió y brilló como una de las mayores creaciones del Universo. Hoy, desde nuestro planeta los recordamos por lo que fueron e hicieron, por esa gran civilización que construyeron y que pudo ser más que el reflejo de una crisis climática. ¡Salve Humanos, los que viven los recordamos! «Fin» ¿Tiene sentido preocuparse por los problemas medioambientales y el caos económico mundial? ¿En qué me es útil o práctico que intente proponer una solución común a estos asuntos? La realidad hay que conocerla, no ignorarla. Si buscando cifras encontraremos que en 1950 en el mundo había 2500 millones de habitantes y desde 2013, 7000. Estos nuevos 4500 millones de habitantes que aparecieron en los últimos 72 años, ocupan espacio, necesitan más alimentos, energía y contaminan el medio ambiente. De los 7000 millones, 1000 no pueden comer si alguien no les proporciona los recursos para alimentarse y 24 mil niños mueren de desnutrición cada día (cifras de la UNESCO). Además, por mi profesión sé que en el mundo hay 1000 millones de vehículos que consumen unos 100 millones de barriles de petróleo al día; entiéndase bien, a ese ritmo de consumo estamos convirtiendo algo que está bien enterrado y no que no molesta a nadie en dióxido de carbono, CO_2. Aunque ya lo expliqué en otro post, el mundo de ahí fuera, el que va en su día a día, en su mayoría, no conoce el significado de este desmadre. Por otro lado, vemos cómo cada día las grandes potencias del mundo hacen oídos sordos a los tratados medioambientales. Pero si un país en desarrollo no se adhiere a uno de estos tratados, el mundo entero se le echa encima, empezando por los países no suscriptores; es el mundo al revés del que habla Eduardo Galeano. Y, aunque estos tratados son sólo una cuestión de rutina, en la práctica rara vez se aplican, lo cual es, en sí mismo, una triste realidad. Y para completar el cuadro, hay economistas en todo el mundo que, como decía en otra 'entrada', ven cómo las recetas aprendidas en las facultades de economía fracasan día a día. En realidad, tanto la economía como el medio ambiente están a la deriva. No hay ningún plan alternativo. Por el contrario, mientras el mundo se desmorona ambiental y económicamente, los países desarrollados invierten miles de millones de dólares en armamento militar para mejorar sus sistemas de defensa y ataque. Wow... ¡Qué chévere! Pero nunca hemos visto que donen de este multimillonario presupuesto militar al menos cinco mil millones de dólares a los pobres África, que es la cantidad sugerida por la ONU, que irónicamente está gobernada por ellos mismos. ¡Qué falsedad de falsedades! Mayor hipocresía en este día hacia nuestro planeta no he visto y lamentablemente seguiré viendo cada año hasta que en un punto de no retorno y contra la pared las naciones del mundo en su conjunto se pongan serias con el medio ambiente, la crisis climática y la economía. Quizá entonces celebremos el Día de la Tierra con orgullo. -✍- C•F _ _ _ P.D.- El relato inédito resume algunas de las facetas más visibles de la crisis climática mundial para darnos una idea de la magnitud del problema. No he inventado nada, simplemente es lo que hay, pero ilustrada desde mi natarriva.

No comments yet

Log in to join in Reading is open to everyone. Replying needs an account.