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Al noroeste del japonés monte Fuji se encuentra Aokigahara, un bosque de alrededor de 35 kilómetros cuadrados que ha crecido sobre la lava expulsada hace más de un milenio. Desde el siglo XIX circulan leyendas que aseguran que el lugar está maldito, y poco a poco empezó a convertirse en el lugar preferido por los suicidas para acabar con su vida. A mediados del siglo pasado las autoridades locales cifraron en 500 los cadáveres que se habían encontrado entre sus árboles, y en las décadas siguientes este número fue aumentando a ritmo de casi 100 más al año. No ayudó precisamente la novela de Seicho Matsumoto 'El negro mar de árboles', en la que sus protagonistas acababan con su vida en este lugar. Hoy en día pueden verse multitud de señales de advertencia que intentan disuadir a los suicidas. To the northwest of the Japanese Mount Fuji is Aokigahara, a forest of about 35 square kilometers that has grown on the lava expelled more than a millennium ago. Legends have circulated since the nineteenth century that assure that the place is cursed, and little by little it began to become the preferred place for suicide bombers to end their lives. In the middle of the last century, local authorities estimated the number of corpses found among its trees at 500, and in the following decades this number increased by almost 100 more per year. Not exactly Seicho Matsumoto's novel 'The Black Sea of ​​Trees', in which its protagonists ended their lives in this place. Today you can see a multitude of warning signs that try to deter suicides.

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