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Una Curiosidad Repentina #Halloweekend #Dinámica #EnEspañol Esa tarde había sido invitado luego de las clases en el liceo, a estudiar a casa de un compañero que vivía en un barrio ubicado en las periferias del pueblo. En esa época trataba de ser "amigo de todos" y siempre que alguien necesitara alguna ayuda en matemática o física, no dudaba en brindarla. Llegamos a la humilde casa de Ernesto, quien junto a su vecino Julián, se esmeraban en ser los mejores anfitriones, un sabroso almuerzo con chuleta de cerdo frito, arroz "volado" con fideitos tostados y tajadas de plátano maduro frito, luego un rico arroz con leche como postre, fue el preámbulo para reposar un rato y luego comenzar a resolver algunos ejercicios del problemario. Terminamos relativamente pronto, cuando me preparaba para iniciar la partida, escucho que los muchachos comentan: -Hoy hay reunión, hay que llevar las velas que me pidió mí tía. -A mí me tocó llevar unas flores. ¿Para que es eso?. Pregunto - No nada, es una reunión de espiritismo. -¿y como es eso?.pregunto -Hay bebidas, fuman tabacos y hay música para invocar a los espíritus. Ya un poco asombrado, pregunto: ¿y que espíritus son esos?. -Depende hay varias "cortes", puede ser desde el negro Felipe, José Gregorio Hernández, hasta Simón Bolívar, inclusos unos hablan muy raros y les dicen Vikingos. -Pero ¿Cómo llegan hasta aquí esos espíritus?. - Usando un banco. -Bueno, no entiendo. Tendrías que verlo. ¿Porqué no te quedas?. El gusanillo de la curiosidad hizo su trabajo y finalmente decidí quedarme, uno de los muchachos habló con una tía y me permitieron presenciar esa reunión o una parte de ella. Cómo a las ,05:00 pm llegamos a una casita bastante más Humilde y más metida en la vía que conducía hacia el río. Se escuchaba el sonido de los tambores. Nos abrieron la puerta y nos indicaron dónde colocarnos, en una zona alejada de una especie de altar, en un costado de la humilde casita. El altar llamó mí atención. Habían muchas figuritas de barro y porcelana con los rostros de personas conocidas como Simón Bolívar, José Gregorio Hernández y otras que me eran totalmente desconocidas. Muchas velas y algunas esencias un tanto extrañas, una figura de mujer blanca pero con rasgos indígenas trajeada con una capa blanca y una corona, estaba en tamaño más grande que el resto, sobre la mesa una plaquita de yeso dónde de podía leer: "María Lionza". Me explicaron brevemente y en voz muy bajita algo de María Lionza, que era la reina de ese ritual. Dentro de la casita habían unas 10 personas, unos cuatros encargados de los tambores sentados en pequeñas sillas a un lado del altar, una señora que fungía Cómo maestra de ceremonia, morena de cara ancha así como nariz y labios gruesos, de contextura también pesada, otra señora que era la tía de uno de los muchachos ayudaba cerca del altar, otra señora rubia de ojos verdes que estaba sentada en una silla frente al centro del altar, además habían tres personas más: dos hombres altos y fornidos y una señora de ojos "saltones" que estaban sentados sobre unos banquitos, a un lado del altar. Un señor de unos 30 años delgado, de grandes ojos y cabello hasta los hombros bailaba al ritmo de los tambores. La mujer que lideraba la sesión, le golpeaba con unas ramas aplicando poca fuerza, pero por el sonido de la rama sobre la piel, se podía concluir que había transmisión de dolor. La señora de ojos saltones y los dos hombres altos, también bailaban y tomaban ron de una botella directamente, las cantidades eran grandes en cada sorbo, pero era poco o nada comparado con los "jalones" que le daba el hombre de ojos grandes y cabello hasta los hombros. La maestra de la ceremonia decía unas palabras, que no alcanzaba a entender. Le preguntaba a mis compañeros, pero estos con un dedo sobre sus labios decían: Shhhhh. Lo cual es una invitación a guardar silencio. El olor a tabaco se había apoderado de cada rincón sobre el pequeño recinto, la humarada formaba una especie de neblina que dificultaba un poco la visión. Ya en esa edad se me había diagnosticado miopía, pero no usaba gafas para evitar las burlas y cosas parecidas. De pronto el señor delgado de ojos grandes y cabello hasta los hombros emite un extraño sonido que asemejaba a un quejido, cambió la manera de bailar y se le veía un caminar con cierta torpeza, lanza una carcajada larga y de tono muy agudo: - Ja ja ja ja ja ja. Seguido de una especie de saludo: -Bueeenaasssss La maestra de ceremonia le saludó y comenzó a hablar con ella trayéndola hacia el centro del altar. Esto dificultó el escuchar la conversación. Supongo hablaban de la señora de cabello rubio y ojos Verdes, porque la miraban y señalaban. Obviamente ya yo tenía algún nivel de miedo y presentía que el señor de ojos grandes y cabellos hasta los hombros ya no era el, porque ahora caminaba cojeando, tenía voz de mujer y una mirada distinta con el blanco de los ojos casi representando el 100% del globo ocular, hasta ciertos rasgos de sus faciones se percibían algo suavizados. Los tambores no cesaban de recibir golpes de los cuatros hombres, que también fumaban y bebían Ron, sentados sobre sus pequeñas sillas. El señor caminaba cojeando y los dos hombres fornidos y la señora de ojos saltones, conversaron con el, o con ella. Alcance a escuchar que uno de los hombres le dijo: "Gracias Negra". Yo le pregunté a uno de los muchachos: ¿Que negra es?. No sé le escucha bien lo que dice. -No se chamo, creo que es una negra que vivió en la época de la colonia. -Mmmm. El señor de ojos grandes, miró hacia donde estábamos los tres curiosos observadores, se dirigió hacia nosotros en un parsimonioso recorrido, cojeando, de momento trastabilló y por poco cae. No pude contener el nervio y dije - Se va a caer, ayúdenla. Ya cerca de nosotros me miró a los ojos y en definitiva, no era el señor, era otra cosa y me dijo. -¿Tu dices que me voy a caer?.. -Siiiiii -Yo no me caigo...¿Sabes quién soy yo?. Lo único que se ocurrió decirle, por lo nervioso que estaba fue: -La Negra Tomasa (era el nombre de una canción, que escuchaba con frecuencia en la radio, de una banda Mexicana llamada Los Caifanes). -No...yo soy María Isabel y no me caigo tan fácilmente. Siguió de regreso al altar y los muchachos me dijeron. - No le hubieses dicho nada, a ellos no les gusta que los mirones hablen. -Pero me preguntó algo. -y que la negra Tomasa, ¿Vos estáis loco?. Se pudo arrechar. -Bueno, fue lo que se me ocurrió responder. La tía de uno de los muchachos le hizo una señal para que saliéramos. Ya habíamos visto demasiado de ese mundo. Salimos, regresamos a la primera casa, recogí los libros y me acompañaron a la avenida a tomar transporte. Mí curiosidad quedó un tanto satisfecha, pero debo reconocer que me dió miedo gran parte del ritual. @Burkino Imagen de Pixabay

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