read.cash Log in

UNA HABILIDAD FATAL. #Relato #EnEspañol En ese lugar todos entraban a tratar de impresionar al Míster. Desde mujeres con belleza silvestre, hábiles malabaristas, hasta respetados cocineros de vecindario y hacedores de magia. Se apuntaban en una lista que Narciso Altamirano (el dueño del Bar Barroco) manejaba a su antojo. Es posible que el primero en aparecer, maravillara con su actuación y los otros catorce de la lista de la noche, quedarían para la siguiente noche, que podía ser mañana, en una semana o quince días. Era un viernes de un caluroso mes de Agosto, la noche anterior ninguno de los quince exponentes logró acaparar la simpatía del único juez de esa especie de concurso, en exhibiciones de cinco a diez minutos. Un añejo y desgastado reloj de pared anunciaba que eran las siete de la noche, el bar Barroco abría sus puertas, los quinces expositores entraban al sitio ordenadamente, se sentaban a un costado de la barra central a esperar el momento. En esta ocasión, las tres camionetas blindadas llegaban más temprano de lo habitual, se estacionaron y de ella bajaron unos diez hombres fuertemente armados, examinaron el bar por dentro y en el exterior para asegurarse todo estuviera tranquilo. Cuándo acabaron las labores de revisión que incluía a los exponentes, entró el Míster escoltado por dos hombres más. Venía trajeado con una chaqueta de jean azul y una franela negra de algodón debajo, unos pantalones negros también de jean y unas vaqueras de piel color Caoba. Le sirvieron un trago de whisky y de una vez pidió a Narciso que iniciara el llamado. La primera en aparecer fue una señora que explicó y presentó un platillo a base de chiles y carne picada, esto no cautivó al mister quien probó y no aprobó. Luego un joven mago que hacía aparecer y desaparecer zanahorias. Posteriormente una joven diseñadora de ropa mostró sus creaciones y tampoco cautivó. Luego una joven de impactantes ojos verdes bailaba una especie de flamenco y el Míster observó a uno de los mesoneros que al ritmo de la música en un rincón semioscuro bailaba mejor que la joven. Le pidió a Narciso que despachara a los participantes, no hubo ganador tampoco. Llamó al mesonero y le pidió que bailará para el. El hombre delgado de unos cincuenta y tantos años un poco incrédulo, le dijo que el no era un participante. -No importa, a partir de ahora lo eres. Balmiro Zabarce se llamaba ese hombre, que comenzó a bailar bajo la aprobación del Míster, terminó la canción y le pidió que bailara otra pieza, luego otra más y así las caderas y huesos de Balmiro tuvieron un uso al que no estaban acostumbradas. La noche avanzaba y la diversión del Míster se centraba en tomar licor y ver como los movimientos de Balmiro se hacían cada vez más lentos y torpes, no le había permitido parar ni siquiera tomar agua. Al cabo de unas horas, el cuerpo y la vida de Balmiro se fueron con la última canción al suelo. El Míster le dio una faja de billetes a Narciso. -Se lo das a su familia, el fue el ganador de esta noche. El Míster no baila, nunca aprendió a hacerlo y le producía una gran frustración ver que otro hombre bailara tan bien. Se fue con su ejército de hombres, con la tranquilidad de sentirse el dueño del dinero y de toda la vida de estos parajes. ------------------------------------------------ Gracias por su lectura. © Relato de mí autoría @Burkino. Los personajes y situaciones narradas son ficticios.

3 comments

Log in Invite-only for now. Someone already here has to let you in.