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Hristo el Búlgaro [El inicio] -Mira como te dejo, casi te mata, ¿ no pudiste cortarlo un poco ?, siempre jugando, un buen día de estos tu arrogancia te va a costar el cuello!!!-, reclamaba la guerrera rusa a su señor. -Jejeje, no quería dañarlo, si le cercenaba una pierna o un brazo antes de convertirlo ¿ de que me serviria manco o cojo ?. -No puedes jugar con la muerte de esta manera juntos pudimos derrotarlo facilmente -Si Mirna pero no hubiera sido tan divertido, JAJAJA!!!. -Te recuperaste bastante rapido de ese corte en el pecho. -Si, es muy poderosa la sangre de Hristo el Búlgaro, para mi suerte solo tenía ese pequeño crucifijo, de haber blandido una espada santificada, llorarías 1000 años mi muerte mi querida Mirna. La herida en el pecho vampiro cicatrizaba velozmente, su brazo roto con el hueso a flor de piel tardaría un poco mas, así como el hueco en donde estaba antes su ojo, la carne quemada adornaba el vacio cuenco, Mirna lo ayuda a ponerse en pie, Hristo a unos pocos metros se levanta por fin del piso renovado, su sangre ahora mezclada con la del vampiro lo ha vuelto a la vida, siente como renovadas fuerzas recorren todo su cuerpo, mira al vampiro aun mal trecho, la rubia que lo acompaña es muy rápida, quizás mas rápida que el, allí en el piso tirada a un palmo de su mano esta la espada de fino acero del vampiro reluciente a pesar de toda la sangre que derramo esa noche, solo tiene que levantarla e ir por sus cuellos, pero cuando intenta moverse sus piernas no reaccionan -¿que demonios me pasa?- se pregunta Hristo, Vladic con un solo ojo lo observa detenidamente, sabe sin necesidad de leer su mente lo que esta pensando, hace muchos el también tuvo ese pensamiento y al igual que Hristo no pudo ni moverse para cortar el cuello de quien lo convirtió luego de torturar frente a sus ojos a su familia, una maldición adicional que viene con el regalo de la vida eterna, un contrato no escrito en ninguna parte que te obliga a una vida de servicio bajo la sombra de tu creador, un puñado de vampiros han logrado romperlo a unos les toma siglos, a Vladic solo 25 años. -Por mas que lo intentes hombre oso, no podrás levantar esa espada para venir por mi cuello, al menos no esta noche, quizás en 100 años o 200. -Ahora tenemos que partir de regreso a una de mis moradas, descansaremos en la profundidad del bosque por esta noche, necesito mas sangre para reponer fuerzas, partiremos mañana temprano en la noche, Mirna ve al pueblo y tráeme algo bueno para comer. -Si mi señor enseguida!!!-, pero a la guerrera rubia no le dio tiempo de retirarse porque el hombre oso hablo. -Un momento mi señor, todavía tengo un asunto que resolver, mi familia aun me espera en ese castillo!!!-, Hristo el Búlgaro hincaba la rodilla en la tierra en señal de sumisión. -¿Un asunto que resolver?, ahora tus asuntos son conmigo, yo soy tu familia, tu padre, ya los problemas de los hombres no te incumben a menos que yo te de la orden de que así sea, ahora recoge mi espada y acompáñame a lo profundo del bosque mientras Mirna trae un poco de sangre para nosotros. Hristo se quedo en el mismo sitio sin moverse, con su rodilla en tierra y la cabeza gacha, usando toda la nueva fuerza que ahora fluía por su cuerpo, este nuevo poder que al igual que le otorgaba le impedía matar a aquel Vampiro en ese mismo instante, Hristo se esforzaba al maximo para desobedecer una orden directa de su creador, su padre, su nuevo amo, Mirna se queda mirando la escena ve a Vladic esperando otra orden, el hombre oso no pensaba hacer caso ¿ como se resistía ? se preguntaba, Vladic en cambio sonreía ante la desobediencia, habia venido a cazar a un guerrero no a un lacayo y eso era exactamente lo que habia conseguido. -¿Es que no piensas levantarte Búlgaro?. -Solo cuando cambie sus ordenes. -JAJAJA!!!, nunca le concedo un favor a uno de mis hijos a menos que me halla servido fielmente, y tu Búlgaro aun no me has servido, se perfectamente porque lo viví en carne propia!!!, lo duro que es perder a los tuyos, así que esta noche te concederé esta gracia, pero que no se te olvide que algún dia voy a cobrarte de vuelta este favor que esta noche te estoy otorgando ¿ lo entiendes ?. -Lo entiendo señor, muchas gracias. -Mirna ven acá, hay un cambio de planes. -¿Ahora que?, ¿ vas a concederle lo que pide ?, mira el estado en que estas mi señor, lo primero es tu seguridad, debimos venir con mas vampiros a cazar a este monstruo. -No te quejes tanto Miran, Búlgaro ponte de pie y dime donde queda ese castillo. Hristo le explico con detalle, la ubicación y la distancia a la que se encontraba, un día a caballo, mediodía si forzaba su montura y cambiaba de caballo como habia demostrado el joven jinete Zayev Ivanov. -¿Que piensas Mirna, lo logrará esta noche?. -Todavía es temprano mi señor, la lechuza no a ululado, la hora del lobo no ha comenzado, aunque todavía no podrá volar ni transformarse llegara mucho antes del amanecer. -Es un riesgo que vaya, no se medirá hasta no liberar a su familia. -Nuestra pelea me ha retrasado señor, pero puedo tomar tres caballos cabalgare con furia hasta partirles el lomo durante toda la noche, llegare poco después del amanecer, con este nuevo poder que siento en mi no necesitare mas que unas horas para liberar a los míos y cuando estén a salvo volveré para servirte por toda la eternidad. -Por Belcebú!!!, ¿ es que este oso no sabe quienes somos ?. -Discúlpalo Mirna no tiene porque saberlo. -Escúchame bien hijo mio, los vampiros tenemos dos enemigos, pero el mas poderoso, el mas cruel, el mas infalible, el que nunca nos perdonara, porque estamos malditos, es el sol, no podemos andar debajo de el, ya no volverás a ver un amanecer, aun el mas tenue y tímido rayo del sol te consumiría hasta el hueso, abrazando tu carne en fuego hasta convertir en polvo todos tus huesos, no hay ropas, que nos permitan movernos cuando el esta en lo alto vigilando que no perturbemos a los vivos, si te atrapa la mañana al descubierto estarás muerto, si tienes fuerzas deberás huir de el y esconderte en una profunda madriguera donde no pueda tocarte. -Entendido señor. -Ves mi ojo, hueco, muerto, quemado hasta el hueso, si tu crucifijo de plata hubiera sido un puñal hubieras llegado hasta mi cerebro, el poder que nos otorga nuestra sangre, es muy fuerte, podemos regenerarnos siempre que tomemos sangre, pero si el sol te quema costara mucho mas tiempo y sangre esa recuperación. -Si el sol te atrapa estas muerto oso!!!-, repite Mirna. -Por alguna razón que desconozco, cuando santifican el metal, le otorga casi el mismo poder destructivo para nuestra raza que el sol, nuestro segundo enemigo no es arma, si no quien la empuña, el hombre!!!, a pesar de ser nuestro alimento, también pueden combatirnos, levantar sus espadas contra nosotros y como pudiste corroborar en carne propia con un poco de suerte, vencernos, si llevan un arma santificada matarnos les resultara mas fácil, existen varios clanes de cazadores, que nos han perseguido por siglos, pero hoy no te hablare de ellos. -Mi crucifijo fue un regalo de mi madre. -Bendita sea!!!, pero no podrás volver a llevarlo contigo, ya has visto lo que es capaz de hacer en nuestra carne, Escúchame bien porque esto te salvara tu nueva vida mas de una vez, para matarnos, deben atravesar nuestro corazón como tu intentaste hace poco, pero erraste al no saber que luego de cortarlo, apuñalarlo o dispararle, deben ademas cortarnos el cuello, así morimos definitivamente, si alguna vez atraviesan el corazón!!!, huye Hristo el Búlgaro, escapa, recupérate y vuelve otra noche para pelear. -Comprendo señor, ni el sol, ni los cazadores, ¿ ya me puedo ir ?. -Recoge mi espada, llévala contigo esta noche y que te sirva para liberar a los tuyos, Mirna ven acá. -Aquí estoy mi señor. -Acompañaras al Búlgaro, no quiero que lo maten en su primera noche o que se chamusque por el sol. -¿Y usted mi señor ?, esta mal herido, aun débil, no pienso dejarlo solo. -No me subestimes, los esperare en este bosque, harás lo que te ordeno y Mirna no te separes de el. Mirna bajaba la cabeza en señal se sumisión, no le gustaba la orden pero no la rebatiría, Hristo se agacho para recoger la fina espada de acera damasquino, habia empuñado muy buenas espadas en todos sus años como soldado, pero aquella arma era no solo una belleza si no que terrorificamente afilada, mas allá tirada en la tierra estaba su crucifijo a pesar de lo que acaba de oir no pudo evitar tratar de recogerlo, el contacto con el metal le quemo la mano haciendo que la soltase de inmediato. -Pero que diablos de acabo de decir hombre oso!!!, ¿ eres sordo ?. -Mi señor no me hago responsable si lo matan esta misma noche. -Si te harás responsable y no lo matara nadie, de ser así sera mejor no regreses Mirna. Hristo dejo el crucifijo tirado en el camino y empezó a buscar entre sus soldados caídos, buscaba el cadáver de Emil, cuando lo hallo le arranco su bota derecha, Emil era un buen soldado, pero hace unos años se habia roto el tobillo, desde entonces reforzaba su bota derecha con doble cuero, Mirna y Vladic veían al gigante hombre oso retornar con la bota en la mano, ayudándose con la punta de la espada de su nuevo amo, introdujo su crucifijo en la bota y se la ato a la cintura, luego envaino el sable. -Estoy listo ¿ nos vamos?. -Terco como una mula!!!,JAJAJA!!!-, Vladic se echo a reír viendo a su nuevo guerrero y a su rubia asesina marcharse, Mirna lideraba al frente mientras Hristo iba atrás trantado de seguirle el paso a toda velocidad por el camino dando saltos dantescos, devoraran las muchas leguas que los separaban del castillo del Sanjaco del Sultán. Continuara... La imagen propia generada en Picfinder.ai El inicio de la historia de Hristo el Búlgaro como un no muerto finalizará en la proxima entrega.

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