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#HistoriasdeNoche #OneShot #RelatodeFicción Buenas noches amigos, esta noche de domingo vengo con esta historia, siguiendo la buena propuesta del doctor @AriEH, espero les guste. El reencuentro Marcela aguardo hasta que oscureciera para salir de su escondite, a pesar de contar con el amparo de la noche decidió cruzar la ciudad por medios convencionales para no levantar la mas mínima sospecha, esa ya no era su ciudad y siempre se corrían riesgos, abordo un bus en la calle 9 y tuvo un buen rato para reflexionar hasta llegar a su destino en la calle 28, el mundo era duro y ruin, eso lo sabía perfectamente, pero luego de tantos años de buscar a su familia cuando al fin logro dar con ella que fuera sido en tales circunstancias sin duda fue mucho mas que cruel. Cuando el chofer anuncia la parada en la calle 28, Marcela desciende rápido, estaba muy emocionada en una semana esta sería la 2da vez que la vería luego de tantos años, antes de dirigirse al eidicio paro en una tienda de abarrotes para comprarle algunas cosas, debía tener cuidado, una persona mayor ya no podía comer de todo, compro algo de fruta, unas hortalizas, avena, cereales, leche, cuando fue a pagar en el mostrador vio la vieja marca de chocolate que tanto le gustaba cuando era pequeña no se resistió y le compro varias barras, eso seguro le encantaría, todavía estaba en ese proceso de ganarse su confianza luego de tantos años buscándola no se habia atrevido a decirle quien era realmente. Matilde vivía en un viejo edificio derruido por los años como casi todo en aquella ciudad maldita que Marcela abandono una vez y a la que solo regreso muchos años después para buscar a Matilde, subiendo las escaleras se encuentra con doña Agata, Marcela no toleraba mucho o nada a las personas, pero esta señora era la única ayuda con la que contaba Matilde ademas de Alberto. A su edad pocas cosas entretenían a una señora como Agata, así que no pudo evitar el interrogatorio. -Saludos Marcela!!!, ¿ otra vez visitando a la vieja Matilde ?. -Como esta doña Agata, si aquí le traigo algunas cosas. -Gracias a Dios que la vieja Matilde tiene quien vele por ella, por que Alberto ya tiene mas de una semana desaparecido sin asomar la cabeza por acá, ¿ como va a comer ?, tu sabes que la pensión del gobierno no alcanza para nada. -Bueno ahora estoy yo para cuidar de ella no se preocupe. -Claro que me preocupo, tu abuela esta ya casi ciega, solo le quedaba Alberto, bueno ahora tu que gracias a Dios acabas de aparecer, porque si no!!!. -Agradezco su preocupación tanto yo como mi abuela estamos en deuda, se por su boca que usted es una buena amiga. -Voy de salida, pero quería comentarte que el casero no deja de molestar a Matilde por el alquiler, de eso se encargaba Alberto, si hace falta algo de dinero avísame que por hay tengo algo guardado. -¿El casero?, no hará falta mi querida doña, yo me haré cargo. Marcela siguió subiendo las escaleras rumbo al 3er piso mientras doña Agata seguía curiosa por saber de donde le habia salida esta nueva nieta a Matilde de la nada, bonita y muy resuelta, pero ni la joven mujer ni su amiga soltaban prenda al respecto, ya averiguaría bien lo que estaba pasando pero por los momentos se apuro, a las 9 había un sorteo especial en el bingo que no pensaba perderse por nada de este mundo. -tock,tock!!!- ya arriba frente a la puerta del apartamento Marcela tocaba a la puerta, Matilde escucho y se movió con cuidado, las cataratas estaban ganando la batalla, ya solo veía bultos y distinguía unos pocos colores, Alberto estaba reuniendo para su operación pero tenía mas de una semana que no tenía noticias de el. -¿Quien es?-, pregunta la anciana de 82 años. -Soy yo Marcela, tu nieta!!!. La vieja abre la puerta y deja pasar a la muchacha, había venido por primera vez hace una semana, le invento una historia de que era una pariente lejana y la llamo «abuela», Matilde estaba ciega no desmemoriada, ella solo tuvo 2 hijos, Juancho murió joven cuando apenas era un aprendiz durante una escaramuza, y no dejo descendientes, su otro hijo el menor Camilo, también habia muerto desempeñando la profesión de su familia por generaciones, y tuvo un único hijo, su nieto Alberto, que al igual que su padre, su tío y su abuelo abrazo el legado de su familia, pero cuando abrió su puerta aquella noche la voz de Marcela le resulto tan familiar, la lleno de tanta paz que prefirió creer su mentira. -¿Como estas abuela? -Bien mi niña, aquí solo casi en tinieblas, pero todavía pensante. -Te traje algunas cosas, las voy a guardar en la cocina, ¿ te apetece comer algo ?. -Agata me trajo algo de cenar temprano, pero aceptaría una chocolatina!!!. -Jajaja, ¿ si estas ciega como puedes saber que te las traje ?. -Creo que al perder la vista se agudizaron mis otros sentidos, jajaja. Marcela le abrió una barra y se sentó a ver como la devoraba con esa sonrisa traviesa como cuando era una niña pequeña, -tock, tock, abra el es CASERO!!!-. Matilde se iba a poner en pie para atenderlo, pero Marcela le coloco un brazo en el hombro a la anciana para que no se moviera de su asiento, susurrandole al oído - yo me encargo abuela -. Marcela camino molesta hasta la puerta abriéndola con vehemencia, el hombre trato de entrar sin ser invitado pero Marcela no se lo permitió saliendo ella y cerrando la puerta tras de si, el casero se vio un poco intimidado por el avance de la joven mujer, no pudo mas que retroceder hasta que su espalda se topó con la pared. -¿Quien carajos es usted, vengo por la renta?- Marcela metió una mano en uno de sus bolsillos sacando un pequeño fajo de billetes, antes de ofrecérselos acerco su rostro a un palmo de la cara de aquel desagradable hombrecillo. -Escúchame bien pendejo!!!, a la señora Matilde no se le molesta, cualquier asunto de dinero lo trataras conmigo de ahora en adelante- arrojando el dinero al suelo. El hombre tuvo solo por un segundo la intención de revelarse y protestar ante la falta de respeto pero los ojos de la mujer se inyectaron de sangre, sintió su aliento gélido que presagiaba algo mucho mas grave que unos golpes, el casero comenzó a sudar y a temblar sin saber porque, bajo la mirada y como pudo se deslizo por la pared hasta abajo para recoger el dinero, salió corriendo escaleras abajo rumbo a su departamento, cuando estuvo por fin dentro se dio cuenta que se habia orinado encima!!!, estaba muerto del miedo. Marcela espero de pie altiva que la rata desapareciera escaleras abajo para volver a entrar al apartamento de Matilde. -¿Que quería el señor casero mijita, la renta?, de eso se encargaba Alberto. -No te preocupes abuela, ahora yo me haré cargo, no te molestara mas, tenlo por seguro. -Hay que bueno, ojalá hoy aparezca Alberto, ya quiero que se conozcan- Matilde sospechaba que la ausencia de su querido nieto estaba relacionada con la aparición de esta mujer que le resultaba tan familiar pero no sabía porque. -Si abuelita ojalá apareza yo también lo quiero conocer. A Marcela se le hubiera partido el corazón en ese instante si no le hubiera dejado de latir hace ya mas de 75 años, nunca podría olvidar aquella noche maldita, cuando perdió a su marido, a su hija y su humanidad. Lo siguieron hasta la casa, varios de los tantos monstruos que el solía cazar, los tomaron por sorpresa, Marcela cuando escucho el alboroto de la pelea en el primer piso,, antes de bajar ayudarlo primero tomo a su pequeña hija y la escondió en un lugar seguro por si pasaba lo peor y paso!!!....¿Como le decía ahora a su anciana hija?, que ella era su madre que daba por muerta, si no que ademas Alberto no regresaría jamas, ya que habia muerto por su propia mano al no atender razones ni parentescos. Quería morderla para darle el regalo de la vida eterna, sanar todos sus males y que pudiera verla, pero en el fondo sabía que Matilde jamas se lo perdonaría. Fin. la imagen de Depositphotos: https://st4.depositphotos.com/1854227/20130/i/450/depositphotos_201305986-stock-photo-an-elderly-grandmother-with-an.jpg

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