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#HistoriasdeMiedoparaGatos #ThrillerPsicologicoParaGatos #DetrásdelaImagen Buenas noches amigos de la APP, esta noche volviendo con otra de mis historias de miedo para gatos.... Clo, clo, clo!!! Joe se gano su apodo de «el gordo Joe» cuando una Karla lo rescato del refugio de animales, estaba algo rechoncho ya para ese entonces, pero la buena vida que le proveyó su cuidadora humana sin duda aumentaron su peso, su fama y le ganaron su apodo, acostumbrado a la vida citadina, y a sus comodidades, a que Karla bajara a la tienda de la esquina y en 10 minutos, máximo 15 regresara con su saco de sus croquetas favoritas que ponía al alcance de sus garras, era muy buena y sin dificultades la vida de «el gordo Joe» hasta que se atravesó en su camino el amor. Como se iba imaginar «el gordo Joe» que aquel tipo rudo y campirano que vestía la mayor parte del tiempo botas, sombrero de paja, y una horrible camisa de a cuadros, cuando estaba vestido en su departamento, lograría robarse el corazón de su Karla. Toda buena Karla esta sentenciada a vivir con su gato o sus gatos el resto de su vida, esta escrito en algún lado, lo podía asegurar «el gordo Joe» y cualquier otro gato que tuviera por cuidadora a una Karla. Un buen día sin venir a cuento le cambio la vida de zopetón, Karla lo metió en su jaula para viajes donde solía dormitar por una media hora cuando salían de paseo a la playa o a algún otro lado, pero esta vez el viaje no duro media hora, «el gordo Joe» se quedo dormido mas de 30 minutos y cuando despertó estaba atrapado dentro de una granja sabrá la Diosa de la gatos Bastet donde!!!, «el gordo Joe» recorrió la casa de arriba abajo, se asomo por cada ventana y lo único que se veía era verde, árboles, matas, hasta donde alcanzaba su buena vista gatuna, un granero, y pollos, decenas, cientos, miles de pollos. En su vida el único pollo que había visto «el gordo Joe» de cerca era los asados o a la broster que compraba su humana Karla, pronto descubrió «el gordo Joe» que no le gustaban los pollos, y lo peor para el es que a ellos tampoco le gustaba nadita de nada el gato fanfarrón de ciudad, la primera vez que Karla abrió la puerta para que «el gordo Joe» saliera estirar las patas, regreso a los cinco minutos arañando y maullando para que le permitieran entrar a salvo a la casa. Los malditos pollos como si de una banda gangsteril se tratara se le fueron encima, «el gordo Joe» trato de infundir respeto, con unos buenos maullidos y varios arañazos, varios pollos comieron piso ante los buenos jacks de «el gordo Joe», pero eran demasiados, lo rodearon, lo picotearon, lo empujaron, y lo aturdieron con su cántico diabólico,-Clo, clo, clo!!!-, no se detenía jamas su cacareo interminable, durante todo el día, -Clo, clo, clo-, solo de noche, cuando dormían parecían cesar con su tormento auditivo. «el gordo Joe» trato primero de convencer a Karla de marcharse, pero ya era tarde, tambien vestia botas, sombrero de paja y una horrible camiseta de a cuadros, su Karla habia sido abducida por la granja. No quedandole otra opción «el gordo Joe» se propuso escapar de aquella prisión para gatos, vivir en esa granja no podía ser vida, así que una noche, luego de planificarlo bien y a pesar de abandonar a su suerte a su Karla en aquel sitio detestable, se armo con unas cuantas croquetas y se perdió en la noche, seguro de conseguir algún vestigio de civilización, unos buenos edificios, o unas casas, un buen parque con unas banquetas donde dormitar, unos botes de basura en donde comer y obviamente alguna gata callejera o de casa que le permitiera pasar mas de una noche con ella. Pero como en una pesadilla macabra de la cual no te puedes despertar, cada noche que «el gordo Joe» trataba de escapar de la granja entraba en el monte buscando una salida, corría y se escurría, cambiaba de dirección, debía estar ya muy lejos de aquel infierno de pollos, pero cada mañana cuando despuntaba el sol y daba un salto fuera de la maleza pensando que al fin estaba libre!!!, «el gordo Joe» chocaba con la realidad, enfrente suyo estaba la Granja y los putos pollos, que al darse cuenta de su presencia lo recibían con su interminable canto, -Clo, clo, clo!!!-, atormentándo, corría de vuelta a la casa huyendo de sus picotazos y sus golpes. Apenas lograba entrar a la casa, se tiraba en el suelo ya sin fuerzas y sin aire con los pollos burlándose de el al otro lado de la puerta , con su inagotable cacareo -Clo, clo, clo!!!-, si «el gordo Joe» no encontraba la manera de escapar de esa maldita granja, se iba a volver loco, si era acaso que ya no lo estaba, -Clo, clo, clo!!!-. Fin. La imagen gracia a San Twitter.

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