Hristo el Búlgaro [9a] Unas semanas después de aquella apretada justa de su brazo contra aquel banquero de Baviera, una vez mas Hristo fue requerido para el combate, unos bandidos estaban asolando la frontera norte del territorio a cargo del Sanjaco!!!, Lord Stefan esta vez no acompaño a sus tropas, no ameritaba que se moviera del castillo con su hijo próximo a nacer juzgo adecuado quedarse a esperar el nacimiento de su futuro heredero si Freya le daba la alegría de parir un varón!!!. Envio a Nikolay en su representación con unos 200 soldados y con la recomendación última de que luego de que acabaran con el problema si habia que celebrar lo hicieran por allá y no cargaran con Hristo de vuelta al castillo, el mensajero llego con las ordenes a la hacienda de Hristo, este se preparo, tomo su afilada hacha de doble hoja monto en su caballo y se fue con el mensajero directo a encontrarse con las tropas en el camino hacia el norte pues ya venían en camino desde el castillo, les toco esperar un par de días, cuando las tropas alcanzaron al hombre oso, Nikolay le informo de lo sucedido, una sonrisa de nostalgia se formo en el rostro de Hristo, cuando se entero que irían muy cerca de las tierras donde habia nacido, llegaron en un par de días, montando su campamento principal cerca del poblado a donde Hristo iba de pequeño a misa con su madre Nevena y luego ya un poco mas grande con Doncho, Yana, Mila y Milena, no pudo el gigante evitar recordarlos y extrañarlos, la estrategia fue simple conformando varias partidas pequeños conformadas por unos 25 soldados al mando de algúnos Capitánes, Hristo aprovecho sus incursiones para visitar en la ladera la tumba de su madre y en lo profundo del bosque las de Doncho y su familia, en solo una semana lograron acabar con el problema, los bandidos fueron cazados y exterminados, los que no murieron en combate fueron colgados por ordenes del Sanjaco, otra victoria fácil para Hristo y los hombres bajo su comando, siguiendo las ordenes de Lord Stefan, Nikolay organizo un festín de celebración en el mismo pueblo, luego de un par de días las tropas al mando de Nikolay partieron de regreso al castillo y Hristo regresaba solo a su hacienda. Como acostumbraba el gigante hombre oso, hizo su propio periplo de celebración parando en la taberna de cada pueblo que consiguió en el camino, demostrando sus habilidades, tomando mucha hidromiel, comiéndose un buen cordero asado y alguna que otra aldeana que les regalaban ademas de sus sonrisas su cuerpo, el viaje de retorno le tomo unos 4 días, la última noche la parada obligatoria fue en la taberna del pueblo mas cercano a sus tierras, la misma en donde se habia enfrentando a aquel fuerte banquero, Hristo habia medido la fuerza de muchos hombres a lo largo de estos años, tanto en el campo de batalla jugándose la vida en cada lance y también en alguna taberna por oro, vino y mujeres, y aunque enfrento en todos esos años a hombres muy fuertes, la complexión de aquel rubio banquero le indicaba que ese hombre no podía ser tan fuerte como el y aun así de no haberse esforzado lo hubiera derrotado en buena lid, pensó en ese momento, mientras ataba su caballo frente a la taberna, ya hace algunas horas que habia oscurecido, en seguida se corrió la voz en el pueblo y muchos fueron a la taberna a oir de sus aventuras y disfrutar de su fuerza en algún juego o competencia, adentro un par de mujeres muy hermosas no le quitaban la vista al gigante hombre oso, este se dio cuenta de inmediato al verlas que no eran de por esas tierras, hermosas y muy bien vestidas para ser unas simples aldeanas, le pregunto en confianza al tabernero, ¿si las conocía?, este le respondió, que tenían una semana viniendo todas las noches, y habían preguntado siempre por el gigante fortachón que corta leños de un hachazo y vence a los hombres con una sola mano!!!, -pues hoy están de suerte!!!-, dijo Hristo y le pidió al tabernero un barril de su mejor vino, ademas de un buen cordero bien asado y fue a presentarse con aquel par de beldades, las dos mujeres se parecían mucho, tal vez eran hermanas supuso Hristo, las mujeres aceptaron el vino pero no comieron, le susurraron al gigante a su oído -que tenían hambre pero de otra cosa!!!-. Hristo se apuro en pagar la cuenta, invitando a las mujeres a pasar la noche en su hacienda, estas aceptaron acompañarle, la hora del lobo hace rato que habia tomado posesión de la noche, afuera de la taberna las mujeres no tenían montura, por suerte el caballo de Hristo era lo suficientemente grande y fuerte para cargar con los tres, monto Hristo y las alzo sin esfuerzo colocando a las dos preciosas mujeres delante de el, tomo las bridas de su caballo y salió del pueblo, aprovechando de poner sus manos en donde quiso, y aunque aquellas mujeres estaban ademas de hermosas, muy macizas con generosas carnes y pechos, le extraño que sus cuerpos estuvieran fríos, ninguna desprendía mayor calor, y aunque la noche estaba helada, le pareció bastante raro, de camino a su hacienda, las mujeres le pidieron hacer un desvio, habia una deliciosa poza en el bosque que querian probar, a esa hora con la luna llena en lo alto seria ideal para darse un buen baño y hacer lo que tenían que hacer!!!, ya el hombre oso que venia desconfiando de la actitud y la fría piel de aquellas mujeres, este cambio de destino lo termino de poner en alerta, ¿ porque unas mujeres finas y bellas como estas preferirían hacer el amor en las aguas de una poza en lo profundo de un oscuro y frío bosque, que a una cómoda y calurosa habitación al lado de un chimenea y sobre una confortable cama ?, recordó en ese momento las enseñanzas e historias del viejo Borka, que no solo lo habían preparado y entrenado para el combate en el campo, a medir los peligros, a leer el terreno y anticipar el mejor sitio para una emboscada, si no también de sus historias y cuentos sobre monstruos y engendros que salen a cazar en la noche a sus presas, unos son bestias peludas horribles, muy parecidas a aquel lobo que se llevo la vida de su madre, otras en cambio se esconden detrás del cuerpo de hermosas y bellas mujeres, -¿como las llamaba el viejo Borka?-, se pregunta mentalmente Hristo, -Súcubos!!!-, seres escapados de la hora del lobo que extraen de los hombres no solo su sangre, si no también su fuerza vital. continua en el 9b La imagen propia generada en la pagina picfinder.ai
No comments yet