#BigVERSO #HistoriasdelLLano #ElPueblodelOlvido Feliz tarde amigos, tenia tiempo pensando esta historia, ayer por fin escribí el primer capitulo... Los amores de Alberto, la niña Carmela y Antoñito. Doña Altagracia, viuda de Medina, llevaba tres días limpiando, poniendo todo patas para arriba arreglando su casa, para que su adorado hijo Alberto encontrará todo perfecto a su regreso de la capital, su mayor orgullo, lo habia logrado, regresaba con el titulo de ingeniero civil, que colgaría en la sala al lado del titulo de contador de su difunto esposo, Raúl Medina, muchos años duros pasaron los dos luego de la muerte de su querido Raúl, pero ella con esfuerzo y dedicación saco su muchacho adelante, lo mando a estudiar a la capital, ahora volvía echo todo un hombre, e ingeniero!!!, del orgullo el corazón no le cambia en el pecho. Solo faltaban dos cosas por hacer, primero limpiar el patio interior de la casa, Doña Altagracia lo habia estado posponiendo, no por floja, si no por precavida, en el pueblo de El Olvido solo se enamoran las personas enviándose cartas de amor por intermedio de palomas mensajeras, y resulta que cuando Alberto cruzo la pubertad, se convirtió en un gallardo joven tan guapo y galante, que no paraban de llegar palomas mensajeras acarreando las cartas de amor para su hijo, aquello era una locura, el techo, las matas, el piso del patio vivía lleno de las cagarrutas y las plumas de las docenas de palomas que llegaban a su casa practicamente a diario, niñas mas jóvenes, de su edad, mujeres mas grandes y que Dios la perdone, pero Doña Altagracia sospechaba que hasta mas de un mujer casada trato de sonsacar a su joven hijo. Cualquier otro hubiera perdido la cabeza con tan amplio panorama para conseguir novia, pero no su Alberto, muchacho inteligente y de cabeza fría en sus años mozos, solo se preocupaba por culminar su bachillerato y trabajar para ayudarla a ella, solo en su último año de secundaria le movió el piso la bella y joven niña Carmela que en ese entonces al cumplir los 14 años floreció de manera escandalosa, doña Altagracia pensaba que si su hijo era un príncipe, bien merecía una princesa como la joven niña Carmela, pero Alberto no concreto sus amores con Carmela ante su inminente viaje de estudios a la capital, esto dejo abierta la puerta para que todas las jóvenes del pueblo en edad casadera o no siguieran pretendiendo a Alberto los 5 años que estuvo en la universidad. Cada Agosto cuando su hijo retornaba al pueblo de El Olvido por vacaciones, las palomas mensajeras no paraban de llegar, llenandole el patio con sus cagarrutas y sus plumas, -espero mejor a que llegue y envien el primer aluvión de palomas para limpiar el desastre!!!-. se dijo doña Altagracia mientras subía al segundo piso para verificar que todo estuviera perfecto en el cuarto de su hijo, ya tomada la decisión sobre el patio solo restaba una cosa, subir el colchón nuevo que le habia comprado, se lo entregaron esa mañana, el inútil del despachador a cuenta de que estaba apurado bajo el colchón, lo metió a la casa y se marcho, -que falta de respeto!!!- le grito doña Altagracia indignada al empleado cuando este se retiro, dejando el colchón en la sala. No le quedaba de otra que esperar a que el enclenque de su inquilino regresara del trabajo, Antonio Márquez, era tan pequeño y flaco que ella lo rebautizo como Antoñito y así se quedo, había llegado a caballo al pueblo de El Olvido hace unos 2 meses, sin trabajo ni casa, la viuda Medina tenía un cuarto pequeño que arrendaba para ayudarse con los gastos, no dudo en dárselo al muchacho, que usaba un ridículo bombín y unos lentes oscuros que no se quitaba ni de noche. A las 4:30 regreso Antoñito del trabajo en el abasto de don Miguel. -¿Almorzaste Antoñito?. -Si doña Altagracia, en el abasto como siempre. -Antes de que te encierres en tu cuarto ayúdame a subir este colchón al cuarto de Alberto, ya estoy vieja y no puedo sola. -Claro mi señora, faltaba mas. Empezaron los dos a pujar arrastrando el colchón king size hasta las escalera, -vamos Antoñito, empuja!!!-, lo azuzaba doña Altagracia, el joven no solo era pequeño y enclenque, si no ademas débil, -¿Tu mama no te daba fororo Antoñito?-, el muchacho se reía, respondiéndole afirmativamente, hizo un poco mas de esfuerzo, logrando subir el inmenso colchón hasta el segundo piso, de allí arrastrarlo hasta el cuarto de Alberto fue pan comido, luego ayudo a la viuda a colocarlo sobre la cama. -¿Algo mas en que pueda ayudarla doña Altagracia?. -Nada mijo, muchas gracias, aunque estas flaco y pequeño le pones mucho empeño a todas las cosas, deja que le ponga las fundas a la cama y bajo a preparar la cena. - ¿Cuando es que llega su hijo doña?. -Esta noche, el tren debe arribar en 1 hora a la estación de allí hasta al pueblo son como 30 minutos a caballo, le dijo esbozando una enorme sonrisa. Antoñito bajo las escaleras con la imagen de la felicidad que evocaba el rostro de doña Altagracia cada vez que nombraba o se refería su hijo, -¿que tan buen muchacho podía ser?- se preguntaba curioso el joven, todas las referencias de la madre y el resto de los pobladores era que Alberto Medina era un hombre muy inteligente, trabajador, gallardo, valiente, ademas de todo un caballero, cuando se dirigía a su cuarto tocaron a la puerta de la casa, Antoñito fue a ver, -ábranme rápido!!!- abrió la puerta sin demora, cuando reconoció la voz al otro lado de la puerta, era la rosa mas bella del jardín del Pueblo, la niña Carmela!!!, si a los 14 años habia florecido a sus 19 ya era un portento de mujer con una belleza y unas curvas que quitaban hasta el hipo, pero no a Antoñito que no la determinaba pero le causaba gracia su hablar campirano y sus maneras. -Buenas tardes Antoñito!!!-, le dijo apresurada. -Buenas tardes Carmela-, la niña Carmela atravesó la puerta sin esperar a que la invitarán a pasar, venía algo acalorada y con cara de susto. -¿Que paso Carmela y esa cara?. -Es que desde hace rato un hombre a caballo me sigue- le dijo algo asustada. Antoñito vuelve abrir la puerta, saliendo a la calle, de hecho allí estaba un llanero a caballo, con espuelas, llevaba camisa y sombrero tan negros como su caballo y su corazón, el hombre no dejaba de mirarlos descaradamente a el y a la niña Carmela que se cubría detrás de su espalda, Antoñito trato de imponer respeto poniendo la cara mas feroz que su metro 62 de altura le permitían, el hombre soltó una carcajada, espoleo a su caballo marchandose a todo galope. -¿Quien era ese sujeto Carmela?. -Gua!!!, que voy a saber yo, si es primera vez que lo veo, ¿ donde esta doña Altagracia ?. -Arriba en el... La niña Carmela no espero a que Antoñito terminara la frase, salió disparada al segundo piso para hablar con su futura suegra, en los dos meses que llevaba viviendo en casa de los Medina, la niña Carmela y el se habia hecho buenos amigos, jugaban barajas y fumaban tabacos que la niña Carmela le robaba a su papa o a sus hermanos, doña Altagracia no se preocupo ni por un momento por la amistad entre ambos, era imaginarse a su hijo al lado de Antoñito, enano, flaco, con sus maneras finas, es que no habia forma de que le ganará a su muchacho menos por el amor de la niña Carmela, a la niña le cayo bien Antoñito desde el primer día que lo conoció porque era el único hombre aparte de los de su familia que no la devoraban con los ojos cuando la veían, eso hizo que se ganara su confianza. Antoñito entro a su cuarto, aseguro bien la tranca de la puerta, también aseguro la ventana que daba a la calle, saco un pequeño paquete que cargaba en su saco desde que salió del trabajo, lo coloco sobre la mesa de noche con mucho cuidado junto a sus lentes oscuros, luego se estiro un poco antes de comenzar a desvestirse, -tock, tock-. -¿Quien es?. -¿Que estas haciendo?. -Nada Carmela. -Pues sal a jugar barajas conmigo, traigo tabaquitos!!!. Antoñito se abrocho la camisa, se subió los tirantes, se puso el saco, el bombín y por último sus lentes, si no salía a jugar con Carmela sabía que no iba a dejaer de fastidiar hasta que le abriera la puerta!!!. Continuara.... El banner lo arme con la foto de una vieja pelicula de Pedro Infante, que por casualidad se llamaba Alberto Medina en dicho filme junto a su coestrella, una belleza de pelo negro nacida en Praga, Miroslava Stern... Antoñito lo encontre googleando "hombre pequeño con lentes y bombin"... luego junte el par de imagenes, la trate en la pagina fotoefectos para igualarlas, porque aunque ambas estaban en blanco y negro no coincidian las tonalidades.
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