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Hristo el Búlgaro [8b] La segunda prueba fue dentro de la taberna, puntería!!!, 5 tiros con hachas a 20 pasos para hacer blanco en el tronco principal de la taberna que fungía de base para el techo, delimitaron con brea el blanco, esta vez su competidor fue el mas pequeño de los leñadores, el hombre fue rápido y certero, sus 5 lanzamientos acertaron en la columna en el área delimitada con la brea, Hristo solo podría igualarlo, pero el gigante hablo fuerte y claro, -lo vencería con solo tres lanzamientos!!!-, todos rieron, menos sus ex soldados y aquel hombre rubio que no le perdía detalle a su accionar, Hristo hizo el primer lanzamiento y el hacha se clavo profundo en todo el centro de la columna de madera, su segundo lanzamiento fue perfecto golpeando la primera haca justo detrás haciendo que atravesara hasta mas de la mitad de la columna, en ese punto todos sabían ya que pretendía el gigante, el tercer lanzamiento fue exactamente igual, la hoja de la primera hacha se asomo por el otro lado de la columna y el hombre oso habia ganado otra vez!!!, los leñadores se dieron por vencidos, la tercera prueba seria de fuerza, confiaban en poder derrotarlo en la de habilidades y rapidez, pero al no conseguirlo, optaron por que ninguna perdiera su brazo ademas de su dinero, Hristo acepto su rendición pero no su dinero, si sabía el lo duro que tenía que trabajar un leñador para ganarse el pan para su familia, y esa noche como solo pocas veces saco unas monedas de su bolsa para invitar a los leñadores a comer y a beber a gusto. Pero cuando todo estuvo decidido, alzo su voz aquel hombre rubio para retarlo, Hristo no habia reparado en el en toda la noche, iba muy bien vestido, como un lord o un hombre muy rico, aunque hablaba en su lengua su acento delataba que no era de Bulgaria. Se sentaron frente a frente con un inmenso tronco en el medio para medir fuerzas con sus brazos en un pulso que nadie mas en aquella taberna hubiera querido tener con Hristo el Búlgaro!!!, aunque el gigante era cuidadoso y jamas abusaba de su fuerza para hacer daño innecesariamente, algunas noches al calor de los tragos o el empeño de su rival, sin querer habia roto mas de un brazo, el rubio no era un hombre pequeño, debía medir mas de dos varas largos, aunque con las mas de 3 que medía Hristo la diferencia era notable, cuando los dos hombres desnudaron sus brazos también salía perdiendo el rubio en musculatura, se trenzaron sus manos, uno de los ex soldados los aseguro con una tira de cuerdo, a Hristo le impresiono que aquel hombre no tenía miedo en su mirada, si no una seguridad absoluta, antes de empezar faltaba fijar la apuesta viendo lo fino de sus ropas y botas, Hristo no dudo en arriesgar su bolsa de monedas completa, así recuperaría lo que no le cobro a sus colegas leñadores y sacaría buena ganancia, cuando le pregunto al rubio si aceptaba este dudo por un momento, no por la cantidad de dinero, si no porque pensó en pedirle a cambio su alma por el resto de la eternidad!!!, pero luego de unos segundos el rubio acepto la apuesta, dando comienzo con el pulso!!!, Hristo como siempre dio unos segundos de respiro para que su rival pujara y animara algo el enfrentamiento, la gente merecía algún espectáculo, no solo verlo ganar en 2 segundos, pero cuando sintió el jalón en su puño que hizo retroceder su brazo hasta un palmo de la superficie del tronco, supo que aquel hombre no era normal. Hristo tuvo que aplicar toda la fuerza bruta con que contaba para emparejar las acciones y regresar arriba, allí pujaban, mientras el sudaba y se esforzaba, el rubio hacia lo propio, era demasiado fuerte aquel hombre, Hristo se preguntaba si seria algún mercenario o guerrero, quizás hizo fortuna y por eso ahora vestía como un hombre rico!!!, la batalla del pulso se extendió por varios minutos, mas de los que muchos hubieran esperado, todos estaban sorprendidos, porque los pocos que osaban retar al gigante a un pulso contra su brazo nunca llegan tan siquiera al minuto, algunos apostadores se arriesgaron y empezaron a tomar apuestas en contra de Hristo, la lucha fue tenaz 1 hora después el gigante y el rubio seguían trenzados en aquella lucha titánica, donde uno y otro tomaba la delantera pero el otro podía recuperarse, -Kikiriki, Kikiriki!!!-, el cantar del primer gallo anuncio que el amanecer se aproximaba, el rubio se desespero y apreto para lanzar un ataque final y vencer a su rival, Hristo experto en este tipo de justas aprovecho su ímpetu y logro vencerlo en buena lid, luego de casi hora 1/2 de lucha, no solo todos, el mismo estaba soprendido, el rubio coloca la bolsa de oro sobre la mesa como pago, pide la cuenta de lo que adeuda por las botellas de vino tinto rojo como la sangre que tomo esa noche, pero Hristo le dijo que no hacia falta, el invitaba como correspondía, antes de que el rubio se marchara le extendió su mano, tratando de descubrir si era un guerreo como el. -Fui pastor de ovejas en una ladera, luego leñador en un bosque, ahora soy guerrero y hacendado en mis ratos libres!!!-, dijo Hristo con firmeza. -Fui un niño rico de cuna en Baviera, luego banquero allí mismo, ahora y por siempre hasta que no se me permita lo contrario seguiré siendo uno!!!-, dijo el rubio antes de salir por la puerta. Así termino aquella noche, el banquero de Baviera se retiro, afuera lo aguardaba un coche negro como sus caballos y su alma, que salieron como alma que lleva el diablo antes de que los primeros rayos del sol hicieran su aparición, ante la mirada atenta de Hristo que ve perderse el coche al entrar al bosque, y una vez mas quiso Dios, el destino o el Diablo que aquel encuentro fortuito significara un nuevo cambio en la vida del hombre oso, esta vez quizás para siempre. Continuara...

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