La ambición destruye al poseedor. Pues coincido en que los avariciosos Terminan siendo presa de su propia inconformidad y esto siempre me recuerda al cuento ."El camarón encantado". Es la historia de un humilde leñador, que cierto día pesca al camarón encantado,una especie de mago, que lo complace en sus deseos. El no tenía ambiciones , pero su mujer no se conforma con nada , así cada día el pobre leñador pedía más en nombre de su mujer, de un simple plato de comida, las solicitudes llegaron a lujosos vestidos, un palacio con sirvientes, todo un reinado hasta que, la siempre inconforme esposa pide ser reina del cielo y de un cuajo el camarón se lo quito todo. Pues mientras más tienen más quieren tener, se han olvidado de sentir, y amar, es decir, se han olvidado de vivir, concentrados en sacar cuentas.
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