#anecdota Trabajar como docente es toda una aventura, aprendes más enseñando que de otra manera. Tengo un título universitario en educación que me acredita como Profesor y me permite trabajar con adolescentes. Si conoces a algún docente o tú eres uno, sabrás que uno al final de cada ciclo escolar siempre termina lleno de cosas, ya sean lapiceros, lápices, crayones, cuadernos y un sin fin de cosas que a lo largo de año o semestre tus estudiantes fueron dejando olvidados y que jamás reclamaron. Bueno, hasta el año pasado yo trabajé en un colegio durante casi ocho años, tenía las asignaturas de computación/informática y Programación Básica. Al inicio de cada ciclo escolar era casi obligatorio que los estudiantes llevarán con sigo siempre una memoria USB (pendrive), pues ese era el equivalente a su cuaderno de ejercicios en mi clase, es decir, allí les calificaba todo lo que ellos hacían. Cuando empecé a trabajar allí, empecé con una USB vieja de dos gigas que había encontrado en el basurero de mi anterior trabajo (un car wash). Al terminar ese primer año, no sé ni cómo, pero en mi cartuchera andaba ya al rededor de cuatro, aparte de la mía, que nunca fueron a reclamar. Cada año se repitió la historia, durante esos años cuando mis compañeros docentes venían a mi salón y veían mi "bolsita" de memorias, varias veces me pidieron que les regalará alguna 🤣, unas veces lo hice, otras, dependiendo de la capacidad, se las vendía 🤭. Cada año en promedio terminaba con una o dos USBs que nadie jamás reclamó, ni siquiera al años siguiente. En fin, llegó la pandemia, hubo recorte de personal y yo fui de los elegidos para "abandonar el barco". Tengo como recuerdo once memorias USB de diferente capacidad, un lector de micro SD y dos adaptadores OTG, aproximadamente y ninguna de estas las compré, todas son olvidadas y obviamente no recuerdo cuántas vendí, ni cuántas regalé, pero fueron varias. Gracias por leer, cuéntame qué cosas han dejado olvidas las personas en el lugar donde trabajas, que aún conservas.
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