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Crónica sin accidentes. No caminaba, se desplazaba por la calle con pasos sublimados. Cualquiese que observara detenidamente aquel hombrón de 200 cm y 130 kilogramos desplazarse de esa manera creería fácilmente en la levitación que reclaman cristianos, yogas e imaginadores. Se detuvo suavemente para cruzar hacia la acera contraria, miro hacia los lados, comenzó a andar y ya a mitad del cruce (igual casi flotaba por la calle), apareció una moto a toda velocidad como una revelación fantasmal y anunció, con tres segundos de anticipación solamente, y un pitazo-graznido grotesco, un choque inevitable. Al hombrón solo le dio tiempo a sonreir. Al motorista le dió tiempo a abanicar la calle y provocar un golpe con la goma de atrás como un swing desde una caja de bateo. Todo parecía un rito preconcebido, un baile de brujos modernos. El hombrón, del golpe, saltó por los aires. El tiempo se volvió perceptiblemente mas denso y el aire igualmente algo más espeso. El hombre dió una vuelta completa en el aire y cayó de pie. Volvió a sonreir, siguió caminando... Saludos ** Imagen libre pixabay.com

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