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@Atandome

Prólogo o La agradable levedad de no estar. Si no entiendes la referencia del título te invito a buscar la magistral obra de Kundera del cual derivó, muy y requetemuy mejor que lo que pretendo escribir aqui. Pues resulta que siempre me han molestado un poco las dicotomías y he gastado mas de una noche persiguiendo a un Único. Todas las descripciones que he logrado descifrar de únicos coinciden en una sola cosa: son inatrapables. Eso hace de mi cacería una misión muy probablemente destinada al fracaso y por eso mismo vale la pena seguir insistiendo. Y hasta aqui mi combinación propia de antiKundera con cuento de Luis Brito Garcia (Cacería creo se titula). Lo importante de este discurrir tiene que ver mas bien con desligarse, recrear al alterno que nos visita y domarlo soñandolo, hasta que transmita. No me cansaré de decirlo pero mejor ejemplificarlo, vivirlo. Aquí va un minirelato a la carrera, que no pretende mas que plasmar un "feeling" de empatía con adolescentes: ************* Oestadolescente. Era pleno dia pero no se localizaba al sol. Una hilera rara de nubes dibujaba un laberinto que ni el astro, ni la vista de quien lo buscase, lograban resolver. Unos pies cansados obligaban a un cuerpo, mas cansado aún, a seguirlo, y el aire solo recomendaba respiraciones a medias, como para proteger al cuerpo de una deshidratación acelerada. Un perro acostado, miraba el lento avanzar del muchacho-hombre desde una inexpresividad absoluta, quizás solo superable por pirámides y esfinges. Un hilo de sangre se abría paso desde la oreja izquierda hasta el dedo meñique y al no encontrar más piel decidió gravitar, goteando, fuera de aquel cuerpo que ya no le importaba. Solo. Nadie en un portal, nadie más en la calle. Solo él como un símil inconcluso. Un bar cerrado a la izquierda y una barbería sin barbero a la derecha, le hablaban en silencio de sus pocas opciones. Al final de la calle, la iglesia, le mostraba el portón grande, cual boca siempre dispuesta a tragar cualquier cosa. Secó su frente. Sonrió, y en un nanosegundo previó el final. El sol se desenredó y asomó un instante. Desenfundó rápido y disparó a su sombra difusa que lo imitaba con una precisión milimétrica. La sombra se desvaneció, asesina y asesinada, y en el hombre-muchacho otro hilo de sangre empezó su recorrido desde la otra oreja. **** Los leo siempre. Ando reconstruyendome.

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