MiniAlgo Roberto no tenía sombra. Era su cualidad más prominente a simple vista. Bueno, es verdad que no todos se daban cuenta a simple vista pero el que lo veía venir desde lejos sabia que ese hombre "tenía un no se qué" que lo hacía algo distinto, sin caer en que lo que debían decir es que "no tenia un yo si sé..." A las amistades les contó alguna vez como fue que la perdió, y realmente era interesante, aunque no precisamente mágico o asombroso. En verdad no era que tuviera ninguna empatía con su sombra ni ella con él. No se preocupaban el uno del otro más que a veces, para observarse mutuamente en períodos donde el vacio se llena con entretenimiento de nimiedades. Decía que la perdió un Domingo de un Sol quebranta-huesos, un Sol directo y sin tapujos. Iban caminando el y su sombra, ella contenta de su esplendor, el no, del calor aplastante. Caminaban algo distanciados pero, como siempre, compartían zapatos y ritmo. Roberto paró, sin avisar, a contemplar medio disimulado y medio que no, a aquella mulata médico con su bata, escasa y ligera. Por sus formas y las de su sombra de ella, debía pertenecer a "Mulatas sin Fronteras". Fue solo unos segundos. Fue solo eso. Cuando retomó su paso, quedó mirando hacia atrás intermitente (las mulatas sin fronteras provocan eso). Se detuvo de nuevo, observó de lejos, sin mucho asombro, como su sombra de él y la de la ella se quedaron conversando..... ***Imágenes libres de pixabay.com
2 comments
Alucinante relato, en principio pense que hablabas de un vampiro, pero cuando llegó el sol abrasador me di cuenta de mi error, mio de mi je je je
Los vampiros me han rondando al escribir pero aún no les dedico una oración que les refleje, bueno, no se reflejan! Ya llegará la hora en que mi pobre imago les clave una estaca inmovilizadora Gracias por pasar