Retorné. Tuve que. Miraba la fotografía y se me distorsionaba sola apenas cerraba los ojos. ¿Era mi imaginación o era un error de la cámara? Tenía que ser la cámara, mi imaginación esta quebrada. Dejé al niño con los abuelos y retorné. La tarde caía y el parque seguía desierto. Mas tonos de grises inundaban. Mi cabeza en rojo. La Ceiba invitaba. Le volví a tomar otra foto cuando la vi como exactamente la dibujaban mis ojos cerrados. Subí la escalerita y se abrió el arbol, mientras un tambor ancestral creaba un paroxismo calmo, una tormenta sin aspavientos. Entré en la Ceiba. Ahora me deja mirar por su ojo, y el tamborileo es uno con mis latidos. Apenas puedo mover la mano, cada tecla toma un minuto. La batería del teléfono se agota. Les dejo este Post. No parece que pueda salir de aquí. Tampoco quiero. ******** PD. La fotografía original en post anterior. En esta el ojo del niño esta clonado, la cabeza del gallo también pero más oculta.
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