Estamos en la era del RANSOMWARE, programas que encriptan las computadoras de una organizacion y se ofrece la contraseña para desencriptarlas a cambio de dinero, mucho dinero. Pero estas actividades no son nuevas. Hace décadas que conocemos los parches de seguridad para aplicaciones comerciales, las desagradables actualizaciones de seguridad. Sin embargo, las vulnerabilidades de los componentes industriales y dispositivos IoT son viejas como la gaseosa. Y no solo se trata de bandas criminales. Los estados pasaron de la Guerra Fría a la Ciberguerra. Era el año 2010. Irán desafiaba las medidas internacionales inaugurando nuevas centrifugadoras en la planta nuclear de Natanz. Un día después la central quedaba sin electricidad. Con los días las centrifugadoras se averiaron. El problema se achacó a un ataque cibernético: el gusano STUXNET. El dispositivo vulnerado fue un controlador Siemens que la empresa alemana había recomendado sustituir. Obvio, no lo hicieron. Una década después, julio de 2020. Un incendio en la misma planta de Natanz se asocia a otro ciberataque. Me pregunto: ¿Los persas han mantenido operativos los controladores Siemens que permitieron el primer ataque? ¿O hay otro dispositivo vulnerable? Imagen: pixabay.com
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